Alfombra de basura

16_Opinión_15_1,p01


Las toneladas de plásticos y desechos sólidos arrastrados al río Ozama y al litoral del malecón por las lluvias de la tormenta Beryl, representan un motivo de vergüenza para autoridades y los casi cuatro millones de dominicanos y extranjeros residentes en el Gran Santo Domingo.

Brigadas de la Alcaldía del Distrito Nacional y Obras Públicas, Defensa, bomberos, Defensa Civil y voluntarios batallaban todavía ayer tarde para retirar enormes cantidades de botellas, vasos, platos y bolsas de plástico, así como todo tipo de objetos o corotos que, como deprimente alfombra, cubre casi toda la ribera de la costa de la capital.

Aunque el Ministerio de Medio Ambiente ni ayuntamientos aplican normativas o trazan políticas de educación y promoción sobre conservación de los recursos naturales, sobre la ciudadanía recae la mayor cuota de culpa por arrojar a las vías públicas y a los cauces de ríos, arroyos y cañadas materiales plásticos no degradables.

Duele mucho admitir que Santo Domingo, capital de las primacías de América, en vez de disfrutar su río Ozama con su afluente Isabela, como lo hacen los franceses con el Sena, los alemanes con el Danubio, lo que exhibe es un gran basurero que contamina también al litoral del malecón.

Más de 20 industrias vierten sus desechos sólidos sobre las aguas del Isabela y Ozama y miles de familias residentes en sus orillas lanzan sobre sus cauces toneladas de plásticos, además de los torrentes de agua no tratadas que envenenan sus vientres.

El Gobierno y el Congreso están compelidos a legislar en la dirección de reducir la elaboración y uso de material no degradable, y los ayuntamientos a legislar o aplicar normativas municipales para educar y aplicar sanciones por el vertido en áreas públicas de todo tipo de desechos sólidos.

Que no se culpe a la tormenta Beryl por las toneladas de plásticos y desperdicios sólidos acumulados en el litoral de Santo Domingo, porque esa basura nunca llegó a un zafacón, ni fue clasificada, ni menos tuvo como destino final un vertedero sanitario.

Ojalá que la magnitud de la humillación que padecen los residentes en el Gran Santo Domingo, a los ojos de turistas y visitantes, por el escenario de incivilidad que ofrecen con sus ríos, costas, avenidas, calles y plazas públicas repletos de plásticos y desechos sólidos, motive a Gobierno y sociedad a emprender una gran jornada de educación y conciencia sobre aseo y limpieza, aun sea por vergüenza.