Carta de los Lectores



De vuelta a casa

Señor director:
Es difícil o más bien patético el pensar que la Procuraduría carezca de una plataforma no solo argumentativa, sino de investigación jurídica para el hallazgo y la verificación de las pruebas, y mucho menos pensar, como dejan entrever algunos opinantes, que la debilidad de las pruebas responde a un juego de intereses, un asunto intencionado, planificado con la intención de que no se llegue al fondo del asunto.

En el juicio venidero, la Procuraduría deberá demostrar su expertiz para estructurar su expediente, de modo que resista el combate de la defensa, y de los intereses insanos que apuestan a la derrota institucional.

Es difícil o más bien patético el pensar que la Procuraduría carezca de una plataforma no solo argumentativa, sino de investigación jurídica para el hallazgo y la verificación de las pruebas, y mucho menos pensar, como dejan entrever algunos opinantes, que la debilidad de las pruebas responde a un juego de intereses, un asunto intencionado, planificado con la intención de que no se llegue al fondo del asunto.

Creer aquello, sería aceptar que estamos a merced, no solo de los contrarios sino de un retorcimiento moral, una caída. Prefiero entonces apegarme a lo institucional, no a lo avieso, para que la Procuraduría siga asumiendo, frente a la rapiña, la defensa de la sociedad.

Sobre este excepcional caso de corrupción, y el juicio al que se espera llegar, hay que prestar atención a todas las variables, buscar todas las ayudas necesarias, pues el mundo podría estar mirando a nuestro país como un espacio fácil para la corrupción, pero que a pesar de todo, no pasa nada. En varios de los países involucrados en el caso de la compañía Odebrecht el combate a la corrupción, incluso, se ha llevado de encuentro a varios ex presidentes, mas en República Dominicana ha quedado demostrado que la estructura mafiosa está más que blindada, y con pose de inocencia.

De nuestra parte, aunque al final todo quede desvanecido, al menos sabemos que en algún rincón del consciente o del inconsciente colectivo, alguien habrá de recordar un expediente que, intentando poner cada cosa en su lugar, fue calificado como de “soborno, asociación de malhechores, prevaricación, lavado de activos, enriquecimiento ilícito” Y con esa una calificación, me quedo…

Atentamente,
Melania Emeterio Rondón.
[email protected]

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