CARTAS DE LOS LECTORES



Estos congresistas

Señor director:

El Legislativo debe ser uno de los poderes institucionales del país que ofrece una alta tasa entre rechazo y no compresión de cual es su verdadero trabajo. Los miembros del Congreso se debaten entre el respaldo de un partido político determinado y el mejor postor económico.

En cualquier legislatura se va más a perder el tiempo o dejar de ir a trabajar, que a tratar de lograr leyes que vayan en beneficio del pueblo. Una mayoría de senadores y diputados parece no saber cual es su rol institucional.

La mayoría está allí para ser arreados como bueyes con anillos en la naríz. Responde ciegamente a las directrices de sus partidos, sólo levantan las manos y en muy pocas ocasiones se les ha escuchado defendiendo o rechazando una ley.

En las elecciones congresuales no se está escogiendo a mujeres y hombres para representar a “Don Pueblo” en el Congreso, sino manos que se levanten, para dar respaldo a proyectos de leyes que ni siquiera han visto o estudiados.

Además se mezcla a este panorama, ya de por si aterrador, el mercado de compra y venta que constituye para muchos su curul en el Congreso Nacional, donde a ojos de varios todo se compra y se vende.

Creo que la mayor parte de los legisladores son mujeres y hombres serios y responsables, pero que todavía no han demostrado la suficiente fortaleza para hacer valer los principios de que se va a legislar a favor del pueblo, y no a vegetar, ir un par de veces a la semana, cobrar el corralito o barrilito y dejar que todo pase.

El Congreso es uno de los poderes del Estado que se debe mantener, lo que hay que corregir es el clientelismo actual. A su sede en el Centro de los Héroes no llega un representante de los obreros, de los profesionales, de las amas de casa, de los ecologistas, de los chiriperos y de los campesinos.

Hay congresistas que nunca se han leído un proyecto de ley, y solo esperan la orden de su vocero y enlace con el partido que le dice lo que debe ser aprobado o rechazado. Así no se puede afincar una democracia.

Cuando se participa en unas elecciones para escoger a la representación congresual parece que lo más importante es el salario a devengar, las dos exoneraciones incluídas, el pase para pernoctar en un hotel de lujo, el barrilito y la nueva escalada social.

Desde hoy, hay que modificar la forma de llegar al Congreso Nacional, para ver si senadores y diputados son más representativos del país, y menos exhibidores de lo que es un poder obnubilado y sometido al trampolín y la mediocridad social.

Atentamente,

Manuel Hernández Villeta

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