Castro se reunió en el país con izquierdistas y derechistas

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En la mañana del domingo 23 de agosto de 1998, Fidel visitó a Juan Bosch, acompañado del presidente de la República, a quien le reiteró sus afectos de amistad de más de cincuenta años y su admiración por los conceptos políticos externados en sus intervenciones realizadas entre 1961 y 1965 recogidas en dos tomos publicados por la Presidencia de la República.

De la casa de Juan Bosch, Fidel se trasladó a la residencia de Joaquín Balaguer y acompañado del canciller Roberto Robaina y de otros miembros de su comitiva y del edecán civil, compartió amablemente con el viejo caudillo del Partido Reformista quien le reiteró su amistad y admiración por mucho tiempo al líder cubano. Al despedirse Fidel, solicitó al doctor Balaguer algunos de los libros que este ha publicado.

De la morada de Balaguer, Fidel se trasladó a la residencia de la señora Peggy Cabral viuda Peña Gómez siendo recibido por un grupo numeroso de la dirección del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) encabezado por Enmanuel Esquea y otros dirigentes.

Fidel conversó a sola por un rato con la viuda del doctor Peña Gómez quien le entregó una carta que éste había dirigido antes de su muerte.

Durante el trayecto de regreso al hotel, como lo había hecho cuando caminábamos hacia la residencia de doña Peggy, Fidel expresó su admiración por la vegetación y el atractivo del Paseo Mirador Sur. Reiteró su admiración por la belleza de la ciudad y la naturaleza agradable, hospitalaria de los dominicanos.

Dijo que era uno de los mejores pueblos del mundo. A mediodía se reunió con la dirección del PRD, encuentro en el cual estuvieron ausentes Hipólito Mejía y Fello Suberví.

En el viaje hacía Baní, a partir de las cuatro de la tarde, las preguntas de Fidel en relación con detalles de la parte de la ciudad que permite el acceso a la nueva autopista, fueron numerosas; y las explicaciones relacionadas con el paisaje de la parte comprendida entre el río Haina y la ciudad de Baní, nos convencieron de que la capacidad de asimilación de detalles y aspectos singulares de todo lo que pregunta sirven, de manera inmediata, para hacer juicios correctos de lo que escucha y observa.

Después de los actos de Baní, en el segundo de los cuales habló de Máximo Gómez y otros aspectos por espacio de dos horas, al regreso a Santo Domingo la conversación giró alrededor de temas internacionales, incluidos el ataque de los Estados Unidos contra Sudán y Afganistán; la situación de la República Democrática del Congo y el costo de un proyecto para combatir la expansión del Sida en África que asciende, por un año, a 300 mil millones de dólares.
Fidel nos dijo que cuando había hablado ese tema con destacados capitalistas europeos y norteamericanos, la mayoría de las veces la respuesta que había recibido era que “África está perdida”.

Cuando retomamos la conversación en relación con el pueblo dominicano, durante el trayecto, Fidel nos dijo que había observado que éramos un pueblo prudente, medido y discreto, que no había visto manifestaciones de histerismo o de desorden y que los cubanos admiraban profundamente a los dominicanos.

Agregando su reconocimiento por el comportamiento del presidente Fernández, y por la distinción y valentía como había dicho la noche anterior, de haberlo invitado como observador o la conferencia y además, condecorarlo y haberlo acompañado a diferentes actividades. Nos dijo que Leonel como el pueblo dominicano, era un hombre, valiente y de cualidades extraordinarias.

En la etapa final de su presencia en la República Dominicana, Fidel compareció, a un acto organizado por la universidad Autónoma de Santo Domingo en el antiguo local del Partido Dominicano, hoy denominado Centro de Eventos y Convenciones.
Antes de llegar a ese sitio nos preguntó por las características de la composición social del público ante el cual debía hablar.

Dijimos que los presentes en el paraninfo de ese edificio, era una auténtica representación de los sectores productivos y pensantes de la vida nacional, con nivel intelectual para comprender y asimilar lo que allí dijera. Y que encontraría una solidaridad incuestionable.

Luego de su larga exposición, continuamente aplaudida por el público que lo escuchó, el presidente cubano se trasladó al hotel y tras una breve reunión con miembros y dirigente de organizaciones revolucionarias y solidarias con la Revolución Cubana nos trasladamos al aeropuerto Las Américas donde esperaba el presidente de la República para despedirlo.

En el trayecto reiteró su satisfacción y complacencia por haber podido compartir con los dominicanos y nos comunicó su intención de invitar a Leonel para una visita a su país.

Discretamente, sin grandes ceremonias, Fidel Castro Ruz, patriota y revolucionario amigo solidario de los dominicanos, en vieja y coherente conducta, se despidió de nosotros. En el trayecto hasta el aeropuerto en tono bajo y con palabras emocionadas nos dijo: “No tengo deseos de irme de aquí”.

Al recibir un abrazo cordial y fuerte apretón de manos de esa histórica y legendaria figura del Caribe, América y el mundo, le dijimos: ¡Gracias Fidel.

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