Cortázar: 100 años después



Desde que Plutarco nos premió con sus ” Vidas Paralelas” donde compara las grandes personalidades de la humanidad, destacando sus virtudes morales, todos somos dados a las comparaciones para ensalzar nuestros héroes preferidos. De ahí, que hemos intentado buscar respuestas, de quien tuvo mejor dominio de las técnicas de escribir cuentos entre Juan Bosch y Horacio Quiroga. Los debates entre los seguidores de Francisco de Quevedo y su conceptismo y de Luis de Góngora y su culteranismo prevalecen en círculos literarios.

Ernest Hemingway y William Faulkner son contrastados por sus distintos estilos de escribir: lacónico y punzante el primero, como en su cuento ”Los asesinos” y rebuscado y ampuloso el segundo, como en ”Mientras agonizo”. Es asaz difícil escoger para un romántico entre Lord Byron, Percy Shelley o John Keats. Cervantes y Shakespeare siempre serán fuentes inagotables de comparaciones. Y todavía llama la atención los disímiles temperamentos de Lope de Vega y Calderón de la Barca.

Es todo un deambular de contrastes: Gastón Deligne versus Salomé Ureña, Faustino Sarmiento contra Andrés Bello, García Márquez de frente a Vargas y Llosa y hasta las mismas hermanas Bronte, difieren en su cosmovisión de la naturaleza

Y ahora, 100 años después, con quién comparamos al siempre genial de Julio Cortázar, aquel que nos envolvió en palabras rítmicas de colores y nos transportó con su Rayuela a los sueños mágicos del amor, el desamor, la sensibilidad, la humildad y el conocimiento de un mundo que cambiaba en nuestras narices.

En el centenario de su nacimiento, es honesto admitir que sus preocupaciones sobre las enfermedades morales permanecen y que la tierra tiene millones y millones de veces más valor que el cielo. Adam Smith, Jeremía Bentham y Stuart Mill lo cambiaron todo.

Más doloroso será contarle a Cortázar, que aquella catástrofe de relámpagos fríos y nubes negras que se armaron en las manos de su Maga, ya no conmueven los corazones, pues en países donde se archivan los expedientes de corrupción, se pierde la sensibilidad y el amor por el arte.

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