Crisis argentina



Argentina tiene una de las economías más poderosas de la región, a tal punto que integra el G-20. Desde el ascenso al poder del empresario Mauricio Macri las medidas que se han adoptado para apuntalar las finanzas e insertar la nación en los mercados externos han contado con el respaldo de gobiernos y organismos internacionales. Sin embargo, los fantasmas del pasado vuelven a ensombrecer el panorama y a rodear de incertidumbre las perspectivas del país.

Los elogios ni un primer rescate de 50 mil millones de dólares acordados con el Fondo Monetario Internacional (FMI) han redimido del colapso la economía argentina. La devaluación del peso, que en las últimas operaciones rondaba alrededor del 34 por uno, ha disparado todas las alarmas. En un país que todavía sufre el trauma del “corralito” que lo sumió en una de las crisis más profundas de su historia la perturbación parece más que justificada.

Para tratar de salvar la nación de la debacle económica y sus consecuencias sociales el presidente Macri anunció un duro programa de ajustes, que incluye la eliminación de 7 ministerios, supresión de viceministros y otras acciones para bajar el déficit fiscal. La decisión de poner los intereses del país por encima del costo político es un buen ejemplo para encarar crisis que atrofian el desarrollo y terminan golpeando con más crudeza a las mayorías.

Sin embargo, no es justo que resulten ilesos los culpables de esas crisis, que casi nunca son resultado de catástrofes atmosféricas, sino de la corrupción y decisiones irresponsables. En su momento tienen que investigarse las verdaderas causas y actuarse si se encuentra algún elemento que lo amerite para dar una lección a la clase política. Mientras no haya castigo contra los culpables de los desastres las crisis económicas no dejarán de aparecer y amenazar la estabilidad de las naciones.

Con la reestructuración de ministerios y otros recortes el Gobierno aspira a una reducción del gasto en unos 16 mil millones de dólares. También se decidió gravar las exportaciones para incrementar las recaudaciones. Con los problemas de Brasil, otra de las grandes economías de América Latina, el panorama para la región no es precisamente el más auspicioso.

La crisis de Argentina, que se espera sus autoridades puedan sortearla a la mayor brevedad, envía muchos mensajes. Mientras tanto lo aconsejable es que las naciones con gastos desproporcionados, que cuentan con un aparato productivo con capacidad para lidiar con cualquier adversidad en los mercados internacionales la vean como espejo para evitar ser arrastradas por el mismo torbellino.