CRÓNICA DEL PRESENTE



¡Un recuerdo glorioso! (III)

El pequeño grupo, no más de diez oficales del mando superior constitucionalista, que estaba presente en el hotel Matum, se había reunido en emergencia, distribuyéndose con el objetivo de montar una defensa en el interior del hotel, dividiéndola en cuadrantes: la parte frontal, bajo la responsabilidad del comandante Montes Arache; en el flanco izquierdo trasero, el coronel Lora Fernández, quien junto a su ayudante sargento Peña, fueron los primeros muertos; en el derecho, el teniente coronel Lachapelle Díaz y en la parte trasera, el coronel Caamaño Deñó quien además tenía la jefatura en jefe. En la habitación donde estaba el coronel Caamaño, se encontraba también el sargento mayor Pedro Germán Ureña, ayudante principal del coronel Montes Arache.
El enfrentamiento había comenzado con una violencia insólita y el autor de esta columna no puede olvidar, en el recuerdo del episodio de tanta importancia en la historia militar dominicana, sin hacer una mención especial del combatiente constitucionalista Víctor Marranzini que bajo el intenso fuego de los atacantes, buscó en el frente y en la parte trasera las armas que los civiles teníamos en nuestros vehículos y también la de algunos militares. Al autor de esta columna, le correspondió la obligación de introducir en una habitación del segundo piso del hotel al doctor Jottin Cury y su esposa Julia David, al doctor José Augusto Vega Imbert y su esposa Rosa María Batlle de Vega, al doctor Luis Lembert Peguero, el doctor Hugo Tolentino Dipp y Dagoberto Martínez. Había también allí otras mujeres y hombres, de los simpatizantes de la jefatura civil y militar del Movimiento Constitucionalista.

El ordenanza del coronel Caamaño, Fernando Pimentel, conocido con el apodo de Vejez, y nuestro ayudante Jaime Tavárez D’Oleo, vinieron a comunicarnos que en el hotel habían varios ciudadanos estadounidenses, actores y empleados de un circo que estaba al lado del Monumento a la Restauración; y que había también, visitando a esos ciudadanos un vicecónsul de Estados Unidos. Le ordenamos que trajeran al vicecónsul y a los hombres con ciudadanía estadounidense.

El vicecónsul vino profundamente asustado y nervioso, hablaba español bastante bien, porque él estaba designado en Santiago. Junto al vicecónsul llegó un musculoso y alto estadounidense lleno de tatuajes, que trabajaba en el circo.

El vicecónsul se identificó y dijo que el ataque al hotel era un hecho repudiable porque allí había muchas personas y entre ellos mujeres y niños.
Les pedimos que nos acompañaran a dos habitaciones más adelante, al otro lado del pasillo, en una habitación en la que estaba el coronel Caamaño Deñó. Francis los recibió con la hidalguía y el dominio que tenía como jefe militar, conversó con ellos y el vicecónsul dijo que tenía que llamar a donde fuera necesario para que se detuviera ese ataque.

E hombre tatuado le dijo en su idioma nativo al coronel Caamaño, que él había sido soldado en la guerra de Corea y le pidió que le diera un fusil para defenderse junto a los dominicanos de ese ataque criminal, porque allí con él estaba su esposa y dos hijos pequeños. Caamaño nos ordenó que preserváramos la vida de esos ciudadanos estadounidenses porque eran los testigos incuestionables de ese asalto abusivo e injustificado, que tenía como objetivo fundamental matarlo a él y a todos los que en ese momento lo acompañábamos. Continuaremos…

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