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Resultados de las pruebas   PISA

 

La semana pasada nos enteramos de que nuestros alumnos de 15 años están en el último lugar de la Evaluación Internacional que conduce cada tres años la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en las áreas de ciencias, matemática y español.

 
Esta prueba es muy importante para precisar qué aprenden nuestros niños, permite comparar objetivamente los resultados nacionales con otros países.
Esta comparación es muy relevante a la hora de definir políticas y reformas educativas que tiendan a superar las limitaciones encontradas.

 
Hay que precisar las razones por las cuales un determinado país obtiene mejores resultados que otro y por qué nuestro país se queda en los últimos lugares.
Siempre hemos dicho que uno de ellos es el bajo nivel de financiamiento de la educación pública, remediado después del 4% del Producto Interno Bruto (PIB) asignado a la educación preuniversitaria.

 
En los últimos cuatro años estos fondos se orientaron, fundamentalmente, a la construcción de nuevas aulas. Los aspectos fundamentales que inciden en los aprendizajes apenas fueron tocados.
Otro aspecto que debe ser considerado para entender tales resultados es la falta de disciplina en los procesos de aprendizaje a nivel de nuestras aulas.

 
Docentes y alumnos son muy displicentes a la hora de hacer lo necesario para garantizar un efectivo uso del tiempo disponible y garantizar que los alumnos realicen las actividades pautadas en los programas de las asignaturas. Los docentes apenas corrigen tales actividades y cuando lo hacen no hay una retroalimentación adecuada a los alumnos.

 
Es importante destacar que los grupos de alumnos por aulas son muy grandes, hecho que dificulta que los docentes motivados puedan prestar más atención a los alumnos que presenten mayores dificultades de aprendizaje.

 
La reforma educativa en curso debería prestar atención a este tema.
Además, a nuestros docentes no se les evalúa su desempeño con la rigurosidad necesaria. Se valora el trabajo de los mismos en forma igual. A todos se les paga y se les aumenta lo misma sin verificar si su trabajo en las aulas merece dichos aumentos.
La evaluación del desempeño es una importante herramienta para mejorar la calidad de las actuaciones de los docentes.

 
La gestión de los centros descuida los aspectos propios de los aprendizajes de los alumnos. Los directores están más orientados a los aspectos cotidianos de rutina que a prestar atención al desarrollo curricular y promover innovaciones en las aulas.
En los centros se discute poco sobre las experiencias de los docentes y las dificultades que están presentando los alumnos en las aulas y las formas de superarlas.
Los padres y tutores han dejado casi sola a la escuela en su tarea de enseñar. Están ausentes de las actividades de sus hijos, no verifican si cumplen o no con las actividades que la escuela asigna.

 
La escuela carece del apoyo de los padres para fortalecer la tarea de aprender de los niños.
Esta relación está rota y muchas veces los padres son un verdadero obstáculo para el trabajo eficiente de los docentes.

 
Los docentes a su vez carecen de rigurosidad a la hora de enseñar el currículo establecido. Se aduce que muchos de ellos carecen de formación y puede ser cierto. Pero observo que un mismo docente poco eficiente en la escuela pública tiene mejor desempeño en la privada donde hay más control sobre lo que enseña y con el uso del tiempo disponible.

 
Es urgente que todos los docentes activos, más de 80 mil actualmente, por obligación, sigan cursos de formación continua en las áreas que enseñan, para poder estar a tono con los avances más recientes del conocimiento y puedan orientar el aprendizaje hacia los nuevos conocimientos existentes.

 
La escuela trabaja con un capital cultural y científico viejo y eso aumenta su distancia en relación a las necesidades de la sociedad de hoy.

 
Actualmente el Ministerio de Educación realiza una reforma curricular por competencias. El desarrollo de la misma será eficiente en la medida que los docentes sean formados en este enfoque.

 

 
Por naturaleza, tanto la escuela como los docentes, resisten todo cambio.
Hay que establecer los mecanismos para reducir dicha resistencia y garantizar que el nuevo enfoque curricular sea asumido en las aulas.

 
A los docentes hay que hacerles ver las ventajas de tener un currículo por competencia.

 
Ese currículo, además, debe ser puesto en marcha teniendo muy en cuenta la necesidad de que los centros educativos cuenten con los medios y recursos necesarios para que la experiencia educativa sea más práctica, apoyado en la utilización masiva de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs.).

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