Disyuntiva del PLD inmovilismo vs. reformas



¿Cuál es el principal desafío que enfrenta el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) de cara a la retención del poder en el año 2020? Las alarmas se disparan, pues a lo interno de la organización que fundó Juan Bosch en diciembre de 1973 inmediatamente se piensa que cualquier movimiento de fichas en el tableropeledeísta pudiera beneficiar o perjudicar a Danilo Medina o Leonel Fernández.

Incluso, hay quienes prefieren eludir el tema del papel que debe jugar el partido afirmando que “aquí lo que importa es que el segundo gobierno de Danilo salga como el primero”. Ilusa pretensión de quienes buscan “aplatanar” la célebre frase de Max de que “la historia se repite como si dijéramos dos veces: la primera vez como tragedia y la segunda vez como farsa”.

En el caso del PLD, en el período 2012-2016 esa formación política sirvió de plataforma de sustentación a la primera gestión de Medina porque no arrastraba las heridas del traumático proceso de reelección del gobernante, lo que permitió articular una estrategia partidaria monolítica sin escarceos ni ruidos.

Hoy día, el escenario ha cambiado diametralmente. En el PLD hubo desprendimientos, cambios en la forma de relacionarse y un “pacto reelección por reelección” que cercenó la democracia interna.

A lo externo, apenas ha pasado el “período de luna de miel” de los primeros cien días del gobierno y estamos iniciando el 2017 inmersos en un ambiente de contradicciones sociales.

Si a esos elementos agregamos la pérdida de la imagen lozana y fresca de un presidente que va a un segundo gobierno y el agrietamiento de los factores externos de la economía, es indudable que el fortalecimiento del partido como columna vertebral de la gobernabilidad y como maquinaria electoral será imprescindible para retener el poder en los comicios del año 2020.

Por esa razón, retomar la agenda de reformas del VIII Congreso Norge Botello es un imperativo. En principio, se trata de echar a andar las ocho propuestas de reglamentos internos que están en manos del Comité Político y que deben bajar al Comité Central para su aprobación.

De todas, la más sensible es la revisión y actualización del padrón de miembros, que permita saber quiénes integran los organismos internos de dirección y catalice un proceso de crecimiento interno “saludable”. Como dijo Juan Bosch en 1972 refiriéndose al Partido Revolucionario Dominicano (PRD) de entonces: “cualificar sin despreciar la mayoría”.

El ex rector universitario y fundador del PLD Franklin Almeyda Rancier lo ha puesto sobre la mesa: “hay que realizar una reinscripción de todos los miembros del partido para el 2017, movilizando desde los integrantes del Comité Político, Comité Central hasta los miembros de los comités de base para declarar este año como el de la reiscripción partidaria”.

Ese proceso inició el año pasado con el apoderamiento del Comité Político de las propuestas reglamentarias y debe continuar en la primera reunión de ese órgano este año para convocar al Comité Central y poner en movimiento la maquinaria peledeísta.
El procedimiento se debe realizar al margen de quién sea el candidato de la organización para el 2020 y ha de servir de plataforma a cualquiera que opte por la nominación presidencial peledeísta. Su objetivo tiene que procurar la transparencia de la estructura interna del partido de gobierno y aproximar los comités de bases a los colegios electorales de la Junta Central Electoral (JCE).

Según Almeyda Rancier en un artículo publicado recientemente en la prensa, “este método no debe entrar en conflicto con un tema aún no resuelto. Se trata de las primarias, si fueren con padrón abierto o cerrado. Resulta igual para cualesquiera de las dos posiciones, un padrón partidario transparente permiten saber a quiénes se lleva a votar en ambas situaciones”.

Lo más interesante de este proceso es que el PLD se pudiera beneficiar de la implementación de un método de inscripción que combine los trámites tradicionales de encartamiento con las tecnologías digitales, similar a lo que hicieron organizaciones como Podemos o Ciudadanos en España y que les permitieron un rápido proceso de expansión partidaria al punto de cambiar la vieja democracia bipartidista que se instauró en 1978 en esa nación europea.

El otro escenario, improbable desde el punto de vista del éxito político, es mantener al PLD inmóvil, anquilosado y como un Convidado de Piedra que contemple impertérrito cómo sus fortalezas se debilitan y que se consuma en sus propios ecos internos hablando “un lenguaje muerto”.

Los peledeístas están conscientes de que los viejos dogmas que guiaron esa organización por cuatro décadas, hoy son rituales vacíos y se requiere de un liderazgo capaz de atemporar la realidad para crear nuevas propuestas y un partido renovado.

Más aún, si se trata de una formación política que en el 2020 cumplirá 20 años de ejercicio casi consecutivo del poder sin lograr producir las transformaciones económicas y sociales que demandan los electorales. Desafíos tan esenciales como la seguridad ciudadana o la seguridad social, por citar dos temas, aún siguen siendo anhelos de la sociedad dominicana.

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