Editorial

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Crónica anemia judicial.-

El Día del Poder Judicial, que se conmemoró ayer, ha encontrado a la judicatura dominicana con su epidermis lacerada por una severa alergia que le provoca actuaciones venales que se atribuyen a jueces que han sido separados de sus funciones y de otros que acarrean sospecha de comportamiento distante de la ética
La judicatura dominicana dispone del instrumental orgánico y burocrático que debería inmunizarla contra la prevaricación de cualquiera de sus integrantes, pero la carencia de recursos económicos le provoca un tipo de anemia que la expone a sufrir repentinas erupciones de amoralidad.

El Poder Ejecutivo incumple con la ley 194-04 que dispone que la partida del Presupuesto Nacional asignada al Poder Judicial sea equivalente al 2.66% del monto total, pero de 14 mil millones solicitados, apenas fueron aprobados para este año unos seis mil millones, solo 800 millones más que en 2016.

Por falta de recursos, no se construyen ni se reparan edificios judiciales y se administra justicia dentro de furgones, además de que jueces y auxiliares perciben bajos salarios, lo que hace difícil que el Consejo Nacional de la Magistratura pueda mantener un estricto control ético en la burocracia judicial.

Una indignada sociedad apunta el índice acusador sobre las sienes de los jueces, muchos de los cuales han dado motivos de sobra para sufrir el azote de la colectividad y de la ley, pero es menester que también se escuchen las quejas de los magistrados sobre las precarias condiciones económicas en que se desenvuelve el Poder Judicial.

Gobierno, partidos e intereses corporativos montarán una gran carpa mediática para poder controlar el espectáculo que supondrá la convocatoria del Consejo de la Magistratura para la escogencia de jueces de la Suprema Corte de Justicia (SCJ), que como ha estado en el libreto de hipocresía política, de nuevo se distribuirán el pastel, cada cual según el tamaño de su estómago.

La nación no podría consolidar un auténtico Estado de derecho y equidad, sin que previamente erija un Poder Judicial absolutamente independiente, con la debida autonomía presupuestal y la fortaleza ética y moral que le permita administrar sana justicia en todos los órdenes.

La venalidad que se atribuye a un puñado de jueces es apenas la erupción de amoralidad en la epidermis de la judicatura, que padece de una anemia crónica provocada por la carencia de recursos por el incumplimiento por parte del Gobierno de una ley.

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