Editorial: Antes de que el agua…

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La cuantía de los recursos que tendrá que erogar el Gobierno para afrontar los daños causados a la infraestructura vial y a la agricultura por las intensas lluvias, desbordamientos y derrumbes agravará muy severamente el déficit fiscal previsto para el Presupuesto General del Estado de 2017.

Las pérdidas provocadas por el mal tiempo se estimaron en principio en más de seis mil 500 millones de pesos, pero al paso de los días se reportan más destrozos sobre áreas cultivadas, carreteras y puentes, así como a viviendas, por lo que esa cifra al menos se duplicaría.

El déficit fiscal (relación negativa entre ingreso y gasto) se prevé para el año entrante en 2.4% del Producto Interno Bruto, equivalente a unos 73 mil millones de pesos, pero algunos economistas lo sitúan entre 90 mil a 145 mil millones.

El Ministerio de Agricultura identificó al arroz, yuca, plátano y vegetales como los cultivos más afectados por las inundaciones, daños que han sido mayores en Puerto Plata, María Trinidad Sánchez, Montecristi, Valverde, Sánchez Ramírez, Duarte y Espaillat.

Se cuentan por centenares las pequeñas y medianas empresas agrícolas, agroindustriales, artesanales, comerciales y de servicio que han sufrido estragos a causa de las inundaciones y derrumbes, a lo que se agrega la condición de desplazados y damnificados que padecen hoy miles de personas.

El Gobierno tendrá que procurar recursos que no están programados en el Presupuesto del Estado para subsanar o aliviar los daños causados por las intensas lluvias a la agricultura, pecuaria y a la infraestructura vial, lo que obviamente se reflejará en un agravamiento del déficit fiscal.

Se prevé que la temporada de lluvias se prolongaría hasta final de año, lo que supone riesgo de mayor afectación para las comunidades que han sido colocadas en alerta por crecidas y deslizamientos y otras que ingresarían en ese preocupante escenario, todo lo cual indica que el Gobierno tendría que revisar su previsión de ingresos para 2017.

Lo aconsejable sería que autoridades, sector productivo y clase política se aboquen a debatir con seriedad y responsabilidad el tema de la fiscalidad, que incluye por supuesto la revisión de lo relacionado con ingreso, gasto y control del déficit. Antes de que el agua llegue al cuello.

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