El pez en el lodo

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El escritor español de origen peruano, Mario Vargas Llosa, ha vuelto al candelero, y no por la publicación de una brillante obra literaria, cosa que hará mucho tiempo no hace, pues ya nos tiene acostumbrados a contemplar cómo publica novelas sin sangre, novelones como para recordarnos el oficio que ejerce y el cual notoriedad y buenos cheques le ha dado.

La oportunidad se la ha puesto en bandeja la muerte del líder histórico Fidel Castro. Y él, como es ya ley en su accionar ultraderechista, no ha desaprovechado el momento y lo estelar del personaje, para ejercer como el mundo esperaba: despotricar contra una leyenda que él admiró en sus inicios, tratar denostar sin éxito al hombre que demostró verticalidad y consistencia en toda su vida. Algo que él no puede hacer, pues no tiene ni la actitud ni la espiritual pasta.

Leer el artículo de Vargas Llosa, -publicado por un diario como El País, medio que ya no conoce el uso del hilo dental de la ética periodística, por eso el hedor de muchos de sus reportajes, noticias y crónicas que parece salido de una cloaca de putrefactos dientes molares, es ver cómo un hombre atravesado por el rencor, echa la lucidez a un lado.

A Vargas Llosa lo consumen grandes rencores, y esto le ha quitado visión e imparcialidad en torno a lo que escribe. Uno de sus grandes rencores lo representó el escritor Gabriel García Márquez. Entre muchas cosas nunca le perdonó que fuese una celebridad, un premio Nobel mucho antes que él, y que haya tejido una amistad hermosa con Castro.

Otro rencor que ha lastrado la vida del español-peruano lo representó la derrota que sufrió a manos del chinito Alberto Fujimori, y esto a pesar de estar apoyado por un racista y elitista sector peruano que veía en el chinito el peor engendro que pudiera dar la política. Claro, luego el español pasaría sus rencores y odios hacia otro indio, el presidente Evo Morales.

Todavía ha de estar preguntándose el autor de la novela light Elogio de la Madrastra, el por qué aquel pueblo de ignaros e indígenas desdeñó la oportunidad de tener como Presidente de la República a un genio y hombre como él, representante digno de las más encumbradas epidermis colonialistas.

El rencor de Vargas Llosa es aún contra gran parte del mundo, donde el llamado dictador Castro era recibido con alfombra roja por príncipes, presidentes, dignatarios, y en ningún sitio recibe el escupitajo del odio, salvo en tierra de la estulticia, Miami.

Vargas Llosa, quien fue recibido y aupado en la República Dominicana por una ex élite izquierdista y los remanentes de una falsa aristocracia criolla durante su estadía para escribir la Fiesta del Chivo, destila odio en sus análisis sobre Castro, se nota que es el tipo que se quedó colgado en el resentimiento y que como ahorcado casi a punto de perder la respiración, ofrece feos pataleos escriturales.

Claro, el artículo del español era lo que se esperaba de él, y era lo que el diario El País también anhelaba. Pinta a un Fidel que no escuchaba, soberbio, de una incontinencia verbal que asusta. Muy distinto al Fidel que conoció el periodista español Ignacio Ramonet. Este habla de un líder cubano que escuchaba, que hablaba suave, un tipo nada intolerante y preocupado por los grandes problemas sociales.

Recordemos que Fidel alzó su voz contra el apartheid y que Vargas Llosa jamás ha hablado del terrible racismo vivido en Cuba antes de la revolución, y del cual ni un asterisco ha puesto. Ramonet lo menciona, mientras que para Vargas Llosa éste es inexistente. Claro, es aupado y vitoreado por la clase cubana más oscura de Miami.

Habla de libertad en Cuba, sin embargo, sería incapaz de salir en defensa del periodista Ramonet, víctima del estalinismo periodístico de El País, el cual le ha borrado y negado acceso a sus páginas por la publicación del libro “Cien horas con Fidel Castro”.

Sin embargo, hay que recordar que Vargas Llosa apoyó la invasión a Irak, la cual ha dejado cientos de miles de muertos, y la defendió con un libro-mamotreto que da pena. Si tuviese alguna sanidad moral, le dieran pesadillas cada noche por los niños, mujeres y ancianos allí fallecidos.

Pero, hay gente que no le gusta el agua y que se mueve con una facilidad pasmosa en el lodo. Vargas Llosa es un pez que tiene esa clase de escamas.

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