Fue al Vaticano enviado por el dictador Trujillo

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En su interés de lograr que se le otorgara el título de “Benefactor de la Iglesia”, a principios de enero de 1954, hace ahora 58 años,  el dictador Rafael Leonidas Trujillo envió al Vaticano al secretario de Estado de la Presidencia, licenciado Rafael F. Bonnelly.

Después de agotar una serie de  reuniones, encuentros y discusiones con altos funcionarios de la Santa Sede,  encabezados por monseñor Samoré, secretario  de asuntos extraordinarios del Papa Pío XII, Bonnelly rindió un informe al dictador  donde   advierte  que “el Concordato era un acuerdo que terminaría violando la soberanía del Estado dominicano”.

 Este criterio fue respaldado por el ex Presidente Manuel de Jesús Troncoso de La Concha, previa solicitud de opinión del Gobierno.

 A continuación se transcriben glosas del informe del licenciado Bonnelly a Trujillo:

“No había querido escribirle antes, en espera de que las negociaciones con la Santa  Sede llegaran a un acuerdo que dieran completa satisfacción al interés dominicano, o que las dificultades fueran de tal naturaleza que necesitara someterlas a su elevada decisión antes.

“Las conversaciones se desenvolvieron en el lapso de diez días hábiles, porque el Vaticano no se trabaja los domingos.

La Santa Sede eligió a monseñor Samoré, para representarla. Es un hombre joven, muy preparado, pero por un particular sistema de la Santa Sede, nunca  podía decir la última palabra.

“El resultado de las discusiones pasaba a su superior jerárquico, monseñor Tardini y de éste al Papa.

“Como usted comprobará en mi informe, hemos discrepado en dos asuntos sustanciales: en la designación de arzobispos, obispos residenciales o sus coadjutores con derecho a sucesión  y el matrimonio.

El Papa declara, por medio de su representante, que antes de aceptar cualquier modificación al proyecto original sobre estos dos puntos, prefiere que no se celebre el concordato.

“Expresé con toda firmeza y claridad a monseñor Samoré que mi impresión era pesimista en cuanto a la aceptación de mi gobierno de esta actitud intransigente de la Santa Sede sobre estas dos cuestiones fundamentales.”

La respuesta de  Trujillo no se hizo esperar y de inmediato  impartió instrucciones al licenciado Bonnelly de despedirse de los funcionarios del Vaticano y regresar al país.

Bonnelly  fue  sustituido por el padre Posada,   quien recibió instrucciones de “acatar los deseos que planteara la Santa Sede”. 

El sacerdote jesuita, junto al licenciado Arturo Peña Batlle y el embajador español Manuel Aznar, sirvieron de voceros  para destacar los supuestos  beneficios que generaría la firma del Concordato con la iglesia Católica.

Concordato

El documento del concordato establece: “La Santa Sede  y República Dominicana, animadas del deseo de asegurar una fecunda colaboración para el mayor bien de la vida religiosa y civil de la nación dominicana, han determinado estipular un Concordato que constituya la norma que ha de regular las recíprocas relaciones de las altas partes contratantes, en conformidad con la Ley de Dios y la tradición católica de  República Dominicana”.

Y agrega: “A este fin Su Santidad el Sumo Pontífice Pío XII ha nombrado por su Plenipotenciario a: Su excelencia reverendísima monseñor Domenico Tardini, prosecretario de Estado para los asuntos eclesiásticos extraordinarios, y su excelencia el presidente de  República Dominicana ha nombrado por su Plenipotenciario a: Su excelencia el generalísimo doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina”.

Ambos Plenipotenciarios, después de confrontar sus respectivos plenos poderes y hallarlos en debida forma expedidos, acordaron lo siguiente:

Artículo I

La religión Católica, apostólica, romana sigue siendo la de la nación dominicana y gozará de los derechos y de las prerrogativas que le corresponden en conformidad con la Ley Divina y el Derecho Canónico.

Artículo II

 El Estado Dominicano reconoce la personalidad jurídica internacional de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Para mantener, en la forma tradicional, las relaciones amistosas entre la Santa Sede y el Estado dominicano, continuarán acreditados un embajador de  República Dominicana cerca de la Santa Sede y un nuncio apostólico en Ciudad Trujillo. Este será el decano del cuerpo diplomático, en los términos del derecho consuetudinario.

APUNTE

Reconocimiento

En el artículo III del concordato establece que “El Estado dominicano reconoce a la Iglesia Católica el carácter de sociedad perfecta y le garantiza el libre y pleno ejercicio de su poder espiritual y de su jurisdicción, así como el libre y público ejercicio del culto.

En particular, la Santa Sede podrá sin impedimento promulgar y publicar en la RD cualquier disposición relativa al gobierno de la Iglesia y comunicarse con los prelados”.

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