La enseñanza de la Constitución



Siempre es oportuno hablar de la Constitución, pero en estos tiempos de dudas y descreimiento, muchas personas se refieren a ella como sinónimo de un simple papel que se viola e irrespeta con sobrada  frecuencia. Hay que reconocer, sin embargo,  que se trata del documento jurídico más importante del país. Con razón se le llama Ley Sustantiva, y su cumplimiento o no, es siempre apelación a la responsabilidad de cada mujer y de cada hombre.

Promover el estudio de la Constitución, es una forma de despertar la conciencia y el compromiso.

 En la Constitución están los deberes y los derechos de que somos acreedoras/es. Ella también nos coloca frente a otras materias que, como los poderes del Estado y sus  obligaciones de cara al país y a la sociedad, deben ser de dominio colectivo. Conocer y aquilatar el valor que ella tiene, nos hace más conscientes al exigir y demandar su cumplimiento.

 La enseñanza de la Constitución, si se asume con el propósito político de crear esa conciencia, es una buena práctica para el desarrollo de las actitudes contestatarias y la interpelación del conformismo y la aquiescencia, males sociales que abundan en nuestro país, pero que no deben existir para siempre. Es la Constitución el mejor instrumento para la educación cívica.

 Hace varias décadas, en mi ejercicio docente, motivé para que cada estudiante tuviera el texto constitucional. La lectura y comentarios fue la vía para introducir una fluida discusión que despertaba en los grupos el deseo de opinar en torno a temas sobre los cuales no hay razón para ser indiferente. El alumnado iba comprendiendo que las discusiones eran políticas, pero nada tenían que ver con lo partidario. Entendían que, cuando se viola la Constitución, es para beneficiar intereses particulares, y la sociedad recibe el perjuicio.

 A esa iniciativa le hacia falta una decisión institucional que colectivizara y diera formalidad y carácter permanente a la enseñanza sobre la Constitución, algo con lo que hoy se puede contar, pues haciendo una revisión de los temas que integran la nueva Constitución promulgada en enero del pasado año, me encontré con que el Artículo 63 sobre “Derecho a la educación”, en su numeral 13 ordena a todas las instituciones educativas públicas y privadas para que de manera obligatoria instruya sobre la enseñanza de la Constitución. Este es uno de los aspectos novedosos.

Al ver este mandato constitucional quedé complacida. La importancia de este numeral hay que traducirla en acciones inmediatas.

Ojalá que el profesorado,  colectivo profesional idóneo para la socialización, reciba entrenamiento y pueda encarar esta hermosa tarea de la enseñanza de la Constitución, para fortalecer la conciencia ciudadana, especialmente desde una perspectiva política contestataria. No es que la Constitución lo sea todo, pero por algo hay que comenzar.

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