Libros y lecturas



Rumor de rio

Cuando un escritor de cuentos, acostumbrado a la mecánica relativamente fáciul de la narrativa corta, la de los 100 metros planos, la de un solo esfuerzo sostenido, decide incursionar en los 150 metros con vallas, que podría representar el largo esfuerzo de escribir una novela, no sabe, generalmente, en lo que se está metiendo. Y el asunto es mayor, cuando no se trata de un escritor profesional dedicado exclusivamente a la creación, ideal que tienen en el fondo de su alma, todo aquel (o aquella) que teniendo la literatura como un eje fundamental de vida, tiene que alquilar su tiempo para ganar el pan de cada día.

Y hacer eso, con esas dos dificultades cruciales, y lograr una carta de presentación en novela, de forma que nos deje sin el aliento para reposar lo leído, entonces nos encontramos ante un fenómeno literario que hay que atender.

Es el caso del periodista y escritor Luis Martín Gómez, quien publica – casualmente dos días antes del inicio de la XIX Feria Internacional del Libro, esta, su primera novela, ambientada en los tiempos tumultuosos, trágicos e inolvidables de los primeros doce años del gobierno del doctor Joaquín Balaguer.

No es una novela extensa, por lo que podría calificarse de noveleta (desde la perspectiva de la extensión), pero su trascendencia no la otorga su número de páginas, sino el perfume a buen oficio literario en una narración demandante de investigación, rica en detalles, perfecta en la delineación de sus personajes y fiel a la época a la cual se refiere, poco conocida por las actuales generaciones jóvenes de lectores y que tiene en Martín Gómez un constante continuador, tras la publicación de un manojo de cuentos, igualmente bien escritos, sobre el mismo período histórico.

El cuadro ubica a los lectores en el ensanche Ozama, barrio de Santo Domingo localizado a orillas del río Ozama, (hoy Santo Domingo Este y para entonces un barrio “de clase media alta” en el cual un grupo de niños inicia la búsqueda de unas armas enterradas durante la Revolución de Abril de 1965, incidiendo, sin proponérselo, en el desenlace fatal de una célula guerrillera que luchaba contra el gobierno de los doce años de Balaguer.

Resalta el uso del recuerdo como instrumento de narración, la visión subjetiva que desarrolla de cada uno de sus personajes y la gracia con que inserta detalles y el manejo del lenguaje popular.

La novela nos llegó y se nos ocurrió leerla en la noche. No pudimos despegarnos. Luis Martín es responsable de una noche perdida del sueño y ganada por la imaginación creativa, al entregar a la sociedad un trabajo que permite el ingreso de un nuevo novelista, género literario que – junto a la poesía- constituye el fuerte de nuestra creación literaria, junto al cuento.

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