Padrones cerrados



El debate sobre la ley de partidos ha pasado a enfocarse al manejo de las primarias y los padrones para las mismas. Si bien en el cuadro general de las cosas, las primarias son un tema secundario que en todo caso debería ser manejado a lo interno de cada partido, su importancia para el desarrollo de las democracias internas y el evidente interés de los partidos en ceder su autonomía para determinar estos asuntos, dentro de la ley habrá que tomarse ciertas cosas en cuenta.

Por un lado es llamativo que a estas alturas de juego se hable de padrones abiertos para las primarias de partidos políticos. El smartphone más ordinario maneja tecnologías más sofisticadas que las necesarias para crear un registro fiable y seguro de los miembros de un partido, tomando en cuenta los esfuerzos de la JCE en los últimos años de mantener un padrón saneado y confiable al que los partidos mantienen constante acceso.

Más que limitaciones logísticas o tecnológicas, la falta de padrones internos de los partidos muestran un espacio más dentro de sus organizaciones donde éstas prefieren mantener poca transparencia para preservar discursos vacíos.

Todos los partidos desean mantener el control sobre el discurso de los números. Pasa en las encuestas pre-electorales, pasa en el número de votantes en elecciones internas, y por supuesto, también en el número de miembros que dice tener cada organización.

Transparentar esos números, como lo harían los padrones cerrados, quitarían por un lado algunos de los argumentos usualmente empleados para vender percepciones, mientras que por el otro dificultaría las estrategias picapollísticas a las que estamos habituados en las elecciones internas de los partidos.
Con padrones cerrados, el debate de las fechas de las primarias carecería de objeto y, como debe, quedaría a la entera autonomía de los partidos.

Los liderazgos medios de las organizaciones políticas deben tomarse muy en serio la necesidad de mantener padrones cerrados, ya que de sostenerse el mito de las “bases del partido” (que no existen) éstos nunca podrán subir por su propio talento e ideas, debiendo siempre apelar a las bendiciones de los altos mandos para lograr algo, tal y como ha venido ocurriendo en nuestro país desde siempre.

No existen excusas válidas para mantener padrones abiertos. Es tiempo de transparentar nuestra política en todos sus aspectos, incluyendo cuantos son los que están, y más interesante aún, cuantos somos los que no estamos.

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