¿Qué pasa?



Al bien alimentado malestar que persiste en la Junta Central Electoral (JCE) se agrega otro conflicto de marca prefabricada con lo que se procura aparentar que el tribunal comicial ha retrocedido a superadas épocas cuando las actas  cercenaban votos, sin que detractores presenten evidencias precisas y concordantes de la comisión de  actos que colisionen con la ética, la moral o ley penal. Liderazgo político y organizaciones de la  sociedad civil deberían entender que la resolución de cualquier situación de carácter contencioso o administrativo en la JCE debe resolverse mediante activo ejercicio dialogante que direccione hacia el consenso, sin exceso de protagonismo ni suplantación de calidades.

Si bien es cierto que el mundo no corre peligro de  acabarse con  la  destitución, renuncia o dimisión del actual director de Cómputos de la Junta, quienes solicitan  su cabeza  están compelidos a ofrecer razones válidas que prueben negligencia, inobservancia o intención delictuosa, porque la cancelación de un funcionario no  puede estar atada al  deseo puro y simple de uno o más actores. De igual manera,  el pleno de la JCE debería explicar las  razones por las cuales dispuso la separación de un juez de la Junta Municipal de Santiago,  que ha motivado la renuncia de otro magistrado, porque un simple pedido del presidente de esa instancia no parece suficiente para tan drástica medida.

Lo que más daño  ha causado al deseado sosiego  en la JCE y a las buenas relaciones  que han de primar entre el tribunal y los partidos políticos, ha sido  la excesiva intromisión de  grupos de presión pública guarecidos en  el amplio manto de la sociedad civil, que  pretenden  actuar como  juez y parte. La  perniciosa participación de  esos entes ciudadanos en  el impasse  suscitado en la JCE ha servido para encender aún más la tea de la discordia, toda vez que sus líderes, dirigentes o asalariados se consideran como ombligo de la moral y de la justicia. Al que le sirva el traje, que lo disfrute.

La Información

El diario La Información, ícono del periodismo nacional, gran relator de la historia contemporánea, invaluable tesoro de Santiago y  el Cibao, fortín de la democracia y orgullo de toda la República, ha cumplido 96 años. La Información exhibe con  grata vanidad su  llamativo atavío con los  colores  de las regiones del Cibao y Línea Noroeste, que  tienen en  el longevo diario  santiaguero un defensor a carta cabal de sus intereses y un entusiasta promotor de tan  variopinto  y productivo entorno geográfico, social, económico, cultural y político.

La comunidad periodística nacional  comparte con la sociedad toda el regocijo por el cumpleaños de La Información y juntos formulan votos  para que continúe  el tránsito por los caminos del éxito y del aprecio público, los que hoy exhibe como fruto de casi un siglo de periodismo veraz, valiente y responsable.

Sus fundadores, Luis A. Franco Olavarrieta, Pedro M. Hungría, Alfredo B. Rojas y José Antonio Hungría, le imprimieron  el compromiso de informar objetivamente y brindar a la sociedad orientación constructiva.

  En tan memorable efeméride, El Nacional apresura  sinceras felicitaciones  al director del  colega santiaguero, licenciado Enmanuel Castillo, y a todo su personal.

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