Tres mujeres de la patria



La segunda mujer que me honra mencionar, es la doctora Evangelina Rodríguez, primera médica dominicana, nacida el 10 de noviembre del 1879, según su biógrafo, el doctor Antonio Zaglul. Ella es símbolo del esfuerzo, la dedicación y de una militancia por la solidaridad. Se especializó en el área de ginecología en París, Francia. Todos sus saberes fueron puestos al servicio de las mejores causas, primero desde la función docente, y luego con el ejercicio de la medicina. Antonio Zaglul destaca el antitrujillismo de Evangelina, así como su pertenencia al movimiento feminista de San Pedro de Macorís. Ella es digna de mayor reconocimiento, algo más de los que hasta ahora se le han hecho.

Otra mujer no reivindicada en su justa dimensión por la sociedad dominicana, ni lo suficiente por el movimiento de mujeres en particular, es Florinda Soriano, Mamá Tingó. De extracción social humildísima,  fue asesinada el 3 de noviembres del 1974.

Esta mujer, anciana por demás, murió defendiendo su derecho a la tierra, y pagó con su vida al enfrentarse a quienes ese poder detentaban. Una mujer convencida y decidida a luchar por lo que entendió le pertenecía, debe ser más reconocida por encarnar ella la lucha de otras mujeres, especialmente las campesinas, quienes permanecen marginadas  en su derecho a la parcela, aun existiendo la Ley  55- 97 sobre Reforma Agraria. 

Hoy, que es urgente la formación en valores, bien podemos tomar de modelo a mujeres como éstas, y desde aquí promover la sociedad que queremos. No debe pasar un noviembre, o un mes de marzo, sin que, junto al merecido homenaje a las Mirabal, no sean agigantados los nombres de éstas  y de otras mujeres que también cayeron víctimas del poder político, de la negación de derechos.

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