Un chapulín morado

José Antonio Torres, subdirector de El Nacional.


La denuncia del prominente neocirujano José Joaquín Puello de que los medicamentos que exhiben en las farmacias no sirven para nada, es una información más que grave un reto para las autoridades de Salud Pública.

Insistir en que el 90% de las medicinas que la gente compra en las farmacias no le curará su enfermedad. La gravedad de la situación debe encender una alerta roja en los despachos de los funcionarios del sector salud, quienes debieran estar diseñando una estrategia para revertir esto, además de explicar a la sociedad sobre la realidad de este problema.

Eso debe ser una broma, fue mi primera impresión al conocer el dato, pero luego reflexioné sobre la cantidad de medicamentos que ofertan los colmados, en los semáforos, la mayoría de ellos fabricados en patios de viviendas en Villa Consuelo, Herrera, La Vega y Moca.

Las autoridades de salud deben asumir el reto de detener los medicamentos falsos
Hace dos años, hablando sobre el mismo tema, el entonces presidente de la Unión de Farmacias, Raúl Hernández, dijo que el 12 por ciento de los medicamentos que había en el mercado estaba vencido o adulterado y que ese negocio movía cada año alrededor de 30 mil millones de pesos.

Esto significa que el negocio no es nuevo ni que tampoco lo realizan los pobres, sino personas que cuenta con recursos económicos y protección oficial.

Todos saben quiénes son y donde están, pero nadie se atreve a meterle mano.

En una ocasión, un funcionario de Promese, admitió durante un almuerzo en el Grupo de Comunicaciones Corripio, admitió que la República Dominicana posee el porcentaje más alto de falsificación de medicamentos entre los países de América Latina, estimando en un 26% el promedio en la región.

Nadie ha podido contabilizar las muertes indirectas que generan cada año los medicamentos falsos que se venden en farmacias. Nadie lo ha hecho, pero seguro son muchos, especialmente personas pobres que no tienen laboratorios preferidos.