A 39 años de la invasión rusa a Afganistán



El golpe militar en Afganistán en 1978 que llevó al poder a un grupo de jóvenes oficiales de tendencia izquierdista, los cuales intentaron establecer un gobierno comunista dirigido por Mohamed Taraki, significó un cambio radical en ese país.

El nuevo régimen inició reformas socializadoras y laicas que encontraron de inmediato una enorme resistencia en una población aferrada a un pensamiento islámico, anacrónico, anclado en el pasado y que vivía en una sociedad con rasgos feudales que aun prevalecen 40 años después.
La resistencia pronto se convirtió en una guerrilla de carácter islamista encabezada por los rebeldes “mujahidines”.

Con el propósito de mantener el régimen proclamado socialista el líder de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Leonid Brézhnev, ordenó una invasión a esa nación en pleno invierno, el 25 de diciembre de 1979.

Al asumir el poder Taraki inició un programa radical de reformas para acabar con el feudalismo y llevar a Afganistán al siglo XX, inició una campaña de alfabetización en la que se incluyó a las mujeres, implantó una reforma agraria radical, prohibió el cultivo del opio, legalizó los sindicatos, estableció una ley de salario mínimo y lo más chocante para sus ciudadanos otorgó la igualdad de derechos para la mujer.

Estas reformas provocaron la ira de los conservadores islamistas y comenzaron a rebelarse en las principales provincias del país, atacando a las fuerzas militares gubernamentales y realizando diversos atentados terroristas.

Surgieron divergencias en el mismo seno del (PDPA) y el 14 de septiembre de 1979 Hafizullah Amín, líder de la otra facción de esa organización política, asesina a Taraki asume el poder e inicia una contra reforma acercándose a los Estados Unidos.
Este cambio de política de Amín hacia Occidente provoca la ira de la URSS que, decidida a no perder su influencia en un país estratégico para el control de su frontera sur, decide hacerse con el control de Afganistán.

El 27 de diciembre de 1979, dos grupos especiales del Comité para la Seguridad del Estado (KGB) entran en acción, el primero asalta el Palacio Presidencial en la capital del país, y asesinan a Hafizullah Amin, mientras que otro grupo se encarga de controlar las comunicaciones y asegurar el Ministerio del Interior. Controlada la seguridad del país, al amanecer del 28, bajo el mando del mariscal Sergei Sokolov, comienzan a entrar en al país las divisiones regulares soviéticas.

Tras la invasión de la URSS empezó la resistencia interna y se inició la guerra pese al éxito inicial de la operación de parte de los soldados soviéticos la situación no tardaría en deteriorarse.

Con un escenario convertido en el Vietnam de los soviéticos llegó al poder Mijaíl Gorbachov, un nuevo líder de carácter reformista que puso en ejecución lo que llamó “Perestroika”, un programa de reformas económicas y sociales en la URSS con la que procuraba terminar con la Guerra Fría.

La primera condición que ponían China y las potencias de occidente era la salida de las tropas soviéticas de Afganistán y Gorbachov decidió que a partir de 1987 las tropas abandonarían el país escalonadamente.

Al comenzar el año 1989 los últimos soldados del Ejército Soviético cruzaron la frontera, abandonando Afganistán para siempre y finalizando así un largo conflicto.
El autor es periodista e ingeniero.