¿Agente de la CIA para liquidar a Trujillo?



PÁGINA 3O 2 Johnny Abbes

Con la tesis difundida por el escritor y poeta Tony Raful, postulante que el temido y sanguinario teniente coronel EN Johhny Abbes García sobrevivió a la purga dispuesta por el dictador Francois Duvalier (Papa Doc), en 1967 a los integrantes de un complot para asesinarle, el tétrico personaje cobra un subido interés por su verdadero final, y acaso intentar extraditarlo para juzgarlo por sus atrocidades.

Obedeciendo a la vocación por investigar entresijos misteriosos en los tétricos pasillos de la grima, interpretó que el verdadero interés en relación a este aborrecible espécimen, no se decanta por si aún sobrevive, sino por el rol que desempeñó al final de la tiranía de 31 años que lideró a plomo y sangre el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961).

Tony Raful, que con Rafael Chaljub Mejía, son los dos máximos exponentes de las letras y la historia de árabes-dominicanos de siempre, investiga desde hace varios años en torno a la real sobrevivencia de Johnny Abbes en la fallida conspiración para liquidar a Papa Doc que lideró el coronel Max Dominique, esposo de María Denisse, hija predilecta del dictador haitiano, entrevistando varias veces en Miami, a Gloria Bolaños, agente de la CIA, amante suya y del expresidente de Guatemala, Carlos Castillo Armas.

Sabido es que de la trama magnicida solo sobrevivió Dominique, por quien intercedió Mamá Simóne, esposa de Duvalier, quien de rodillas le imploró al dictador que no asesinara al padre de sus nietos, salvándose a chepa, y designado agregado militar en la embajada haitiana en París, pero a ninguno más.

Monitoreando la ruta de sangre que el generalísimo Trujillo dispuso contra sus opositores en la creencia que prolongaría indefinidamente su satrapía, las coordenadas son esporádicas, comenzando el primero de junio de 1930 con los esposos Virgilio Martínez Reyna y su esposa embarazada de siete meses Altagracia Almánzar, Desiderio Arias, hermanos Patiño y Perozo, capitán Eugenio de Marchena, capitán Aníbal Vallejo, coronel Leoncio Blanco, Cipriano Bencosme, Enrique Blanco, doctor Enrique Lithgow Ceára, doctor Rafael Estévez Cabrera, Guillermo Valerio, y otros alzados en 1958 en los Cerros de Gurabo de Mao, y Donato Bencosme, crímenes sorteados en espacios de tiempo, no masivos, desbordados a partir de Johnny Abbes irrumpir como jefe de los servicios de espionaje y represión de la tiranía, en 1958.

Es 1958 cuando se producen crímenes recurrentes dentro y fuera de RD, la masacre de Los Panfleteros de Santiago de los Caballeros que lideró Wenceslao Guillén, torturados, descuartizados y troceados todos en las ergástulas, que distribuyeron clandestinamente una octavilla: “Trujillo es una mierda”, y los fusilamientos de la mayoría de los expedicionarios del 14 y 19 de junio de 1959 capturados, cosecha sangrienta de Ramfis Trujillo, como cosecha suya fueron los crímenes de los héroes del magnicidio.

Las redadas de enero de 1960 contra los integrantes de la gran conspiración de ese año liderada pinzas y cuenta gotas, no hemorrágicas.

Fuera de RD, asesinados Jesús de Galíndez, José Almoina Mateos, atentado al presidente Rómulo Betancourt, crímenes de la impronta perversa de Johnny Abbes.

En 1958, el presidente de EE. UU. general de cinco estrellas Dwight David Eisenhower, encomendó a nuestro embajador en Washington, doctor Franklyn Thomén Candelario, traer la sugerencia al generalísimo Trujillo la instancia de Washington de resignar el poder y abandonara el país, respondiendo El Jefe, que solo con los pies hacia delante abandonar el país
como resultó ser y fue complacido al final.

En el tomo II de sus Memorias, Editorial Bruguera, página 513, el presidente Eisenhower escribe se refiere al dictador dominicano.
“Al tratar de conseguir que otros países trabajaran con nosotros en contra de Castro (Fidel), tuvimos que enfrentarnos con otro problema aún más peliagudo: el hecho de que la mayoría de sus vecinos Latino Americanos le consideraba menos amenazador que el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo”.

Fue el principio del fin de Trujillo y su régimen, y la irrupción de Johnny Abbes como jefe de los servicios secretos de la tiranía, y también el principio de la hemorragia contra todo lo que tradujera y significara oposición, de forma expeditiva, cruel y espantosa, que inserta la lógica de que esa estrategia fue diseñada por la CIA, usando de alicate a Johnny Abbes para acabar con Trujillo, ante la negativa al presidente Eisenhower de marcharse, porque es la lógica que puede explicar tanto horror y espanto de reiterados crímenes atroces sucesivos, que no se registraron con tanta densidad en 27 años antes.

Es tema para dilucidarlo historiadores, sociólogos y politólogos, propiciado por la Academia Dominicana de la Historia y el Archivo General de la Nación.