Opinión

Algo más que salud

Algo más que salud

Jinetes del Apocalipsis del PLD

Hoy cierro estos comentarios sobre el derrotero que ha de seguir la organización a la que brindé mis mejores servicios en procura de construir un mundo mejor. Me voy conforme con la manera en que allí ejercí mi responsabilidad en 31 años de militancia.

A raíz del primer artículo, un lector, miembro del Comité Central del PLD me escribió  pidiendo reservas de su nombre: «José: comparto tu último artículo en toda su extensión. No es justo que en el PLD existan compañeros que han desayunado, comido y cenado, sin pararse de la mesa, mientras una gran mayoría se haya ido a la cama sin desayunar, comer ni cenar¨; esos mismos que repiten en puestos relevantes siendo oportunistas, cabilderos, prepotentes y reconocidos violadores de los métodos de trabajo y la disciplina del Partido». «Lo lamentable del caso es que en el PLD no hay donde quejarse, los organismos no se reúnen desde hace aproximadamente 5 años…»

El  PLD de Juan Bosch, en el que había que hacer colectas para pagar locales,  vivíamos arañando para completar la deuda con Vanguardia, en el que nos desvivíamos buscando ayuda para la medicina de algún compañero, o para completar los gastos de un internamiento, una cirugía; el Partido de desarrapados que  rara vez podíamos sacar unos chelitos para ir a una fiesta o a una pizzería por no decir a un  restaurante, en el que eran muy contados los que andaban en carros de lujo, que eran aquellos riquitos con conciencia de clase que se habían dejado enamorar de las ideas boschistas.

El PLD de ahora, bajo Leonel, que cursa su tercer mandato, se ha llenado de ricos, algunos con pertenencias que los han llevado a figurar entre las 100 personas más ricas del país.

El primer período de gobierno 1996-2000 sirvió para avergonzarnos a los más recatados, pero fue perder la virginidad ante la corrupción y pasar a ser uno más de los partidos que han ido al gobierno para lucrar a sus jefes. Ya no teníamos calidad moral para llamar corruptos a otros, y nuestros dirigentes salieron de sus altos puestos con fortunas sólidas, con su futuro resuelto y otros con negocios propios. Muchos otros picaron lo suyo, pero no fue suficiente, pues aún se tenía algo de  vergüenza al pensar en don Juan; mas la gran mayoría, las bases no conectadas a uno de los jefes, sufrieron las de Caín, porque se aferraron a los principios y hasta descuidaron sus actividades particulares para ir a servir en un puesto de segunda categoría, porque ese mismo ejercicio corrupto le abrió las puertas al PRD y de paso le aseguramos la victoria al extender la más insolente corrupción para que ganara la nominación interna el candidato más impopular, pero ya muy rico, muy cercano a Leonel, y sobre todo con indiscutible garantía de que perdería y así en el 2004, tal como sucedió, regresar el mismo Leonel. Hasta eso pudo haber sido fríamente calculado.

Yo conozco parte de ese grupo de 10 jinetes del Apocalipsis que hoy controlan  PLD y  gobierno; viví junto a algunos de ellos sus tiempos de pobreza, empujándoles el «cepillito» quedado por falta de batería, dándoles lo del pasaje para ir a la Universidad, echándole cincuenta centavos de gasolina a un motorcito rojo Honda 50, otros subsistiendo con suelditos de profesores. Yo se quienes son, por muy bien que les haya ido en los bienes raíces o en negocios comerciales y consultorías,  no tienen como justificar tanta fortuna. Lucen haber ido más lejos, tocar otras puertas muy generosas.

Ellos están ahí, todo el mundo sabe quiénes son, cuentan  con  limpiasacos que se conforman con vivir con mediana pobreza y algo de poder, los que sirven además para engañar a miles de tontos e ingenuos que les creen bien intencionados, y que para los «10 jinetes» no son más que idiotas y estúpidos. Tienen, todavía, la cachaza de usar el nombre de don Juan para hacer sus tropelías. Sólo esperamos que uno de los «Diez…» ordene que me interrogue la entelequia anticorrupción, y que Leonel Fernández, como gusta tanto de copiar a Balaguer repita aquello: «La corrupción se detiene en la puerta de mi despacho». No nos referiremos más al derrotero del PLD, no vale la pena, tan solo échenle una mirada al desarrollo de la reunión antiestatutaria del domingo y al esperado discurso del  lunes y sólo verán las promesas de siempre, las que no nos darán «algo más que salud».

josed4606@gmail.com

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