Debate ante el “problema haitiano”
El tema migratorio ha resurgido en el debate. 



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En nuestro país, este proceso discursivo es revelador. “Ya estamos haitianizados”, “Haitianos deprimen salarios”, “Migración arrasa en Avenida. Duarte”, “ La camiona carga con ociosos y pedigüeñas”, son sólo muestras de titulares que abordan la cuestión. Un análisis un poco acabado podría mostrar el poder del lenguaje en los sobreentendidos que los medios difunden.

Mas, no pretendemos presentar aquí un análisis de orden semántico, sino más bien comprender el cómo y por qué del panorama de posiciones que ha venido desarrollándose  sobre la inmigración haitiana, durante los últimos dos años.

  Representantes políticos, castrenses, eclesiales, académicos, periodistas y comerciales, conciertan el debate público. Con la ayuda de instrumentos burocráticos, los responsables respectivos aúnan sus esfuerzos para legitimar la representación y, cuando no, la acción ante los inmigrantes. Fieles aliados de esta instrumentalización pública, las temáticas de la Seguridad e Identidad Nacional se imponen como artefactos principales e imprescindibles de legitimación.

  El tono es dado:“Haití es el principal problema que tiene la RD como Nación”. Basta inquirir un poco esta aserción postulada por los cabecillas de la pasada cumbre de partidos de oposición, para encontrar que la misma data de la fundación de la República. Los depositarios de las distintas administraciones y su intelligentsia lograron naturalizar esta concepción, sirviendo hoy día de leitmotiv del “sentido común”.

  Los tiempos electorales parecen convertirse en subasta artística, titulada “la invasión haitiana”.  Cada quien aporta cifras y, quien da más, goza del prestigio de atención pública.

 Se observa de manera recurrente cómo para estos agentes, la aguda crisis económica, el auge de la delincuencia que ésta conlleva e incluso el deterioro de la salud, pasan a ser resultantes de la presencia juzgada masiva y “peligrosa” de haitianos en suelo dominicano.       

Los actores económicos juegan por su lado un rol ambivalente según sus intereses: Silencio cómplice por el arbitrario e indiscriminado uso de mano de obra; O, de menor grado, como alerta inminente por falta de control de haitianos en determinadas zonas.

Otro registro  es la “Identidad Nacional”, cuya significado se deja al gusto de intenciones políticas. En este orden, la presencia de haitianos estaría afectando “nuestras tradiciones, cultura e identidad dominicana”.

 En fin, una dimensión política, en la cual una alegada amenaza de la Nación estaría vigente, inclusive de manos de hijos de haitianos nacidos en el país. Esta perspectiva supone que mediante el otorgamiento de la doble nacionalidad, por parte de autoridades haitianas, se confirmaría “el anhelado plan de fusión de las dos naciones”, contribuyendo de igual modo a la trama para la obtención de una minoría política y conllevando a situaciones de conflictos como la “balcanización de la isla”.

  Bajo sus diferentes ideologías, fantasmas y maniobras, los sectores conservadores han sentado así las bases en la escena pública, sin cohibirse de fabricar “causas”. Causas que bajo la estrategia del llamado “Interés Nacional”, logra aglutinar un abanico de actores sociales. Así se demostró ante las múltiples condenas internacionales por los discrímenes en República Dominicana. La orquestación comenzó por mostrar el repudio como una evidencia, dando paso al clamor “patriótico de los buenos y verdaderos dominicanos” (a juzgar por el lector ¿quiénes serían los “otros”?). Más interesante aún, es destacar como algunos sectores progresistas y ciertos intelectuales retoman el trasfondo de estas temáticas.

  Esto nos hace reflexionar sobre la matriz nacionalista reflejada en las perspectivas de Seguridad e Identidad Nacional, estructurantes a su vez del “Problema –constituido– haitiano”. La primera utilizada de escudo de la integridad nacional y ésta como bandera de la Identidad Cultural (sutil eufemismo de racial!). El porvenir de la Nación se representa así como amenazante por un origen bien particular.

  Ahora se hace necesario identificar y categorizar  a los supuestos responsables del problema. Nuestra próxima entrega propone aportar algunos elementos al respecto.