Desarrollo y bloqueo a la institucionalidad

Desarrollo y bloqueo  a la institucionalidad


La historia está presente en la mayoría de las coyunturas político-sociales de las naciones, es imposible eludir la herencia histórica.

Frente a los aprestos de la oposición política por introducir mayores espacios democráticos, es necesario no olvidar lo histórico estructural del sistema.

Entre 1844-1870 los sectores liberales lucharon por crear en el país un orden político que se correspondiera con el que vivían los países de mayor composición orgánica del capital, tal propósito no era viable sin que el país desarrollara las fuerzas sociales y las relaciones propias del capitalismo, pues la democracia liberal no funciona en el vacío y era exactamente lo que ocurría; querían operar una democracia donde no existieran condiciones materiales, socio-políticas ni culturales para que así sucediera, pues la política se alimenta de realidades, no de aspiraciones idílicas.

Las relaciones sociales de producción propia del capitalismo se iniciaron entre 1870-1880, pero la falta de institucionalidad y de infraestructuras de todo tipo bloqueaba el funcionamiento de esos primeros intentos, además, el caos político-militar en que los caudillos nacionales y regionales mantenían la nación era otro factor que frenaba el desarrollo económico e institucional.

Las demandas de los empresarios para que se crearan las condiciones que garantizaran sus negocios no encontraron eco en los diferentes gobiernos que se sucedieron entre la proclamación de la república y 1870, por lo que los esfuerzos y las prédicas de los liberales se saldaron en frustraciones.

La llegada de familias cubanas huyendo de la Guerra de los Diez Años (1868-1878) trajo individuos con capitales; y el arribo de puertorriqueños huyendo de la crisis política tras el Grito de Lares, en 1868 y la crisis en la producción de café, hizo que esos contingentes humanos con recursos, tras aposentarse en el país, se dedicaran a la siembra a gran escala de café y caña para producir azúcar.

Con esas inmigraciones se articuló un proceso económico-social basado en la producción de bienes que presionó para cambiar la cultura política levantisca y exigir “orden y paz” para llevar a cabo lo que entonces se conocía como “El progreso” y la “civilización”, términos con los que se aludía al capitalismo del siglo XIX.
La lucha por “la paz y el progreso” fue vana frente a gobiernos autoritarios y el desorden de los caudillos; pero, en 1879, Luperón, líder del Partido Azul, tomó el poder y como ese agrupamiento político era portador de la ideología del progreso, se comenzó a adoptar disposiciones político-administrativas y jurídicas para crear las condiciones que demandaban los inversionistas para llevarse a cabo sus proyectos productivos y la circulación de las mercancías, que también requerían de infraestructuras, que no existían.

Las medidas destinadas a crear las condiciones propias para incentivar el desarrollo capitalista las impulsaron varios gobiernos azules entre1880-1882, Meriño; entre 1882-1884;Lilís, entre 1884-1885; Billini y Woss Gil, 1885-1886. Se avanzó, pero no lo que se esperaba.
El autor es historiador.