Destrujillizar el país



Las huellas del despiadado dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo Molina (1930-1961), a 52 años de su ajusticiamiento, se mantienen vivas entre sus familiares y unos que otros  criollos de diversos géneros y clases sociales, por lo que hay que destrujillizar el país, tal y como lo reclamaron recientemente los combatientes de la Guerra de Abril del año 1965.

Cinco décadas después de la desaparición física del hombre que reinó “la era en la que el que era, era y el que no era, era,” como dice el profesor Juan Bosch, es preocupante que el mismo aún se mantenga en la mente y el recuerdo “imborrable” de una parte significativa de los hombres y las mujeres del país que sobrepasan los 55 años. A algunos les agrada festejar bailes con los merengues que se dedicaban al sátrapa.

Aunque usted no lo crea, en residenciales, urbanizaciones, barrios y ensanches de ciertas ciudades, así como en algunos clubes sociales, existen personas que organizan encuentros y fiestas en los cuales exclusivamente se tocan, escuchan y bailan los merengues alusivos a la época de Trujillo.

En esos sectores, en ciertos días de cada año hacen ofrendas y dedican “misas” y “oraciones especiales” al dictador.

Ante tal afrenta, combatientes de abril, familiares y víctimas de la dictadura reclaman insistentemente que se aplique la Ley 5880-62, de 1962, y el artículo 49 de la Constitución de la República, que prohíben la difusión de promociones trujillistas, así como de que se haga justicia a los responsables vivientes de los asesinatos perpetrados durante ese régimen.

Abogan por la destrujillización del país.

El procurador general de la República, doctor Francisco Domínguez Brito, mediante resolución, ha instruido a los fiscales para que tomen las medidas necesarias a los fines de prohibir manifestaciones tendentes a exaltar, promover o reivindicar la imagen del dictador, su familia o su nefasto régimen de 30 años.

Pero hay que hacer mucho más para destrujillizar la nación.

Manos a la obra.