Duarte a través de la poesía



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Cuando el Che Guevara cayó en las estribaciones montañosas de Bolivia, cuán sorpresa fue para sus captores el encontrarle entre sus pertenencias el poema a Cristo.

Duarte, al igual que el asmático revolucionario incursionó en la poesía motivado, quizás, por aquello que dijo Novalis: “la poesía cura las heridas producidas por la razón, ya que en ella se componen dos elementos contradictorios: la verdad que supera y la ilusión que encanta”.

El padre de la patria sintió en lo más profundo la necesidad impostergable de espiritualmente desahogarse de sus sentimientos, cuya fuente principal lo constituyó su discrepancia con el ordenamiento social del entonces, o sea, lo que significaba el ver a la patria subyugada por las huestes haitianas y la dignidad de su terruño reducida a la mínima expresión.

Canta Duarte en su poema “Antífona” a la lealtad de los revolucionarios en lucha, los conmina a continuar hasta la victoria y fustiga a los traidores que trataron de entorpecer la causa redentora: “Un himno santo de lealtad cantemos/ Los que en el pecho la lealtad llevamos/ Los que de libres blasonar podemos/ Los que a la patria autonomía juramos/ Un himno santo que al señor le plazca/ Y escuche el mártir cual de gloria en sueño/ Que nuestra alma su dolor complazca/ Y a Iscariote le conturbe el sueño”.

Acorde con la definición que acerca de la poética ofrece Damaso Alonso, “es una claridad por la que el mundo mismo es comprendido de un modo intenso y no usual”, Duarte, en unos cortos versos manifiesta el dolor del poeta ante la impotencia de ver las cosas diferentes a como quisiera que fuera: “pensé cantar mi desventura impía/ Y airado el numen se negó a mi intento/ Pensé cantar y en la garganta mía/ Opreso el canto se trocó en lamento/ Pugné otra vez y a mi tenaz empeño/ Rompióse el plectro y reventó la lira/ Por eso horrible cual letal ensueño/ En canto sordo el corazón delira…”.

Si bien el Padre de la patria cantó a la libertad en la mayoría de sus composiciones, como en los presentes versos: “cantad, sirenas, cantad/ Cantad un canto por mí/ Que anuncie la libertad/ Al suelo donde nací”, no menos cierto es que tuvo sus momentos románticos para escribir a la mujer. En su poema “Súplica” dice: “Si amorosos me vieran tus ojos/ Acabarían mis penas en bien/ Pues quitaras así de mi sien/ La corona que ciñe de abrojos/ Y a mi pecho volvieras la calma/ Que otro tiempo gozó placentero/ Y hoy le niega el destino severo/ Insensible a las penas del alma…”.

Temeroso de no verse correspondido, insiste ante la amada: “No la imites señora, te ruego/ No te cause placer mi amargura/ Y al mirar mi acendrada ternura/ No me tomes como él el sosiego/ Que no en vano se postra mi amor/ A los pies de la esquiva beldad/ No me digas oh no! Por piedad que me tienes también en horror/ Pues es tal de este amor la vehemencia/ Que no obstante el rigor de mi suerte/ Yo he jurado por siempre quererte/ A pesar de tu cruda inclemencia!

Tanto Duarte como el Che Guevara, revolucionarios en épocas diferentes, tuvieron el don de expresar sus sentimientos a través de los canales espirituales y misteriosos de la poética, donde dejaron sentadas sus ansias, ideales, angustias y amores. Es como dijo el bardo latinoamericano, Luis Cardoza: “La poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre”.