Editorial

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La misma corrupción.-

La estructura mafiosa que sustraía alimentos de los almacenes del Plan Social de la Presidencia para venderlos por mucho menos de su valor a supermercados y colmados demuestra que la corrupción se expande como epidemia por toda la anatomía de la sociedad.

Hasta la justicia llegan escandalosos expedientes como el de los sobornos de Odebrecht, los Tucano, venta irregular de terrenos del CEA y de la antigua Corde, pero también llama la atención el peculado que se expresa a través del contrabando, la evasión y elusión fiscal.

Quizás porque el cáncer de la corrupción hace rápida metástasis, la población ni propias autoridades dirigen atención donde se perpetra en anaqueles inferiores del Estado en contubernio con personas físicas o jurídicas beneficiarios del cohecho.

Desde hace tiempo numerosos colmados y supermercados expenden mercancías robadas al Plan Social, que en vez de ser destinadas a familias vulnerables, son mercadeadas impunemente por gente que tal vez va a la iglesia los domingos, porque se llega al convencimiento de que esa práctica ilegal no constituye un vulgar robo.

El Instituto de Protección de los Derechos del Consumidor (ProConsumidor) había notificado al Plan Social, según revela Diario Libre, que productos elaborados especialmente para esa institución, se expendían en supermercados, lo que indica que esa práctica corrupta data de varios años.

La denuncia sobre sobornos por 92 millones de dólares a funcionarios y gente influyente atribuidos a la constructora brasileña Odebrecht, dista mucho del trasiego de fundas con alimentos valorados en mil pesos que empleados sin escrúpulos vendían a 125 pesos, pero ambas infracciones poseen elementos constitutivos de un crimen.

La valoración no debería ser entre los que se corrompen con muchos millones de dólares y pesos y quienes, prevalidos de su condición de servidores públicos roban modestas o insignificantes sumas de dinero, porque en ambos casos se adquiere la etiqueta de delincuente.

El robo de fundas de alimentos revendidas a comerciantes inescrupulosos debería preocupar a la población tanto como los millonarios casos de sobornos, porque revela también la acelerada pérdida de valores morales y éticos, anticuerpos básicos contra la corrupción. “Hazte rico honradamente, si no, hazte rico”, es la consigna que parece prevalecer en todos los estamentos de la sociedad. Una tragedia.