Editorial

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Valor, fervor y lealtad.-

Una nación orgullosa y agradecida conmemora hoy el nacimiento de Matías Ramón Mella y Castillo, prócer de la Independencia, cuyo arrojo y fervor patriótico lo impulsaron a disparar el trabucazo que precedió la proclamación de la República el 27 de febrero de 1844.

Sus singulares dotes militares y políticas, junto a su lealtad al ideal duartiano de fundar y construir una patria libre e independiente de toda potencia extranjera, le permitieron escalar los peldaños más altos en la empresa separatista y en la lucha contra la anexión a España.

Mella es sinónimo de valor, rectitud, nobleza y de profundo apego y defensa al proyecto independentista creado y forjado por Juan Pablo Duarte, y sus aportes en los escenarios bélicos o políticos fueron matizados por un sólido liderazgo e indiscutible estelaridad.

Al fragor de la guerra separatista, a Mella correspondió reclutar a los oficiales y combatientes que derrotarían al ejército haitiano en las memorables batallas de Las Carreras, bajo su propio mando y en la de Santiago, dirigida por su subalterno, José María Imbert.

Fue este insigne el prócer quien proclamó a Duarte como presidente de la naciente República, lo que provocó que el general Pedro Santana, en control del Poder, decretara la persecución y expulsión del padre de la nacionalidad y de todos los trinitarios.

Se requiere que la figura histórica del patricio Mella, junto a las de Duarte, Sánchez, Luperón y de tantos héroes y mártires se aniden en las escuelas, en la conciencia de la juventud y en el aprecio y gratitud de todo el pueblo dominicano, la mejor manera de cuidar a la patria y a la soberanía como niñas de propios ojos.

El legado de Matías Ramón Mella se erige como valiosa heredad para presentes y futuras generaciones, porque su ejemplo de valor, honor, probidad, honradez y lealtad, ha de servir como antídoto contra antivalores como la traición, deshonor, desmedida ambición y prevaricación que se propagan hoy como epidemia.

Mella fue figura esencial en la sublime empresa patriótica que culminó con la separación de Haití y la fundación de República Dominicana y su trabuco volvió a tronar cuando la traición, encarnada en el general Pedro Santana canjeó la independencia nacional por un título nobiliario.

La bandera nacional se eleva hoy hasta el tope de su pedestal más alto para rendir con gran fervor patrio un caluroso tributo al general Matías Ramón Mella, padre de la patria, quien en nicho de muerte imploró que su cuerpo fuera envuelto en ese lienzo tricolor, que buenos dominicanos jamás permitirán que sea mancillado.