Ejercicios quijotescos



PÁGINA 29

La gente que como yo no ha ido a ninguna parte, se refugia en los libros. Compra más libros que los que lee.

Ver

¿Por qué continúo leyendo y comprando libros? No lo sé. Si pensara en la cantidad que compro, recompro, leo y releo por debilidad y hábitos, quizá dé con las causas. Si pensara lo mismo sobre otras cosas, quizá termine por pensar que estoy equivocado y qué es ya hora de dejar de comprarlos, con todo que leer satisface un lado oscuro de mi ser, resaltando que es el papel el acto de lectura.

¿Por qué se deja de leer? Por cómo se vive. Si la vida es una tragedia comprensible, para qué leer. La mía es una tragedia. Donde vivo, como vivo también, revestida de gozo, reconociendo que leer no es tan placentero como se puede pensar. Recordando a don Quijote, pues si toda lectura es una forma de prolongar el sueño diurno, que constituye leer, de querer que algo se transforme, algo así, como que seamos mejores seres humanos. Indudablemente que leer sirve para prolongar una necesidad de conocer en conocerse interiormente. Dejar de leer tarde o temprano pasará, en tanto…

Tocar

¿Quién soy? Es difícil responder desde el destino esa pregunta si no se sabe en que se cree. ¿En qué pie se está parado? ¿Dónde estoy? Al buscar y no encontrar ni saber mi nombre, había olvidado quien era. Como no sé quién soy ando a tientas y a oscuras en la noche, en el día. Saber quien hace que se intuya de dónde se viene y hacia dónde se va, ya es un reconocimiento de cuál tormentoso debe sentirse quien se reclama a sí mismo: ¿quién soy? ¿Sí no tengo hoy, tendré mañana? ¿Mañana seré quien digo ser hoy, si en un instante olvido el nombre que ha de socorrerme de resbalar hacia el abismo? El tiempo que me he ganado está por terminar, para que comience el del otro, que soy yo mismo, porque nadie quiere: ¿Quién soy?, Que no piense que es algo divino, que es una manera de no saber quién se es. Polvo, diabólicamente poco y nada.

Oler

¿Dónde recostar la cabeza que no sea en el camino, en el rumor del río, en las rosas deshojadas de abril? Pregunto, si la cabeza no estuviera en el lugar acostumbrado para responder como acostumbras. ¿Dónde estoy, que cada día estoy más perdido sin poder hablarlo, sin poder decir que el silencio lo sabe? ¿Dónde quepo que no sea donde me digan: Entre? Quiero olvidar lo ya sabido, lo que nunca sabré, por más empeño que diga que poseo, es mentira que un día dije que sabía, que un día dije: Pregúntenme.

¿Dónde me encuentro cuando digo donde estoy, donde he dormido, donde dije que fui amado? Si con alguien quiero encontrarme no es conmigo mismo. No sé cuánto desprecio siento por el que fui hasta ayer. No sé cuánta compasión pasé para que no me conocieran.

Ahora, cerca de la hora, que no sé si para la muerte del otro, para la amante del otro, cuánto anhelo acumulado posee mi mudez cuando del fluir del río dependía para soñar. ¿Dónde estuve cuando dije que salgo ahora, y sí salí?

Palpar

En el comienzo que fui, no lo recuerdo. ¿Alguien lo recordará por mí que viva en mi o fuera de mí? No bien cae la noche, el olor de las rosas que me guían hacia mi origen se disuelve no bien pienso que si al que quiero ver estará ahí, esperándome. Despierto en el camino.

Siento el olor de todo lo que veo, si intento tocar es como si disipara niebla con las manos, con el cuerpo. ¿Puedo elegir a quien quiero que esté ahí, no bien diga: llegué? y que la niebla se disipe y la claridad se convierta en una fiesta de colores por la luz solar, de quien quería ver, está ahí. Para que susurre, si así lo deseo. En el comienzo fue ella. Mi madre.

Sentir

Está el día. Está la vida. Acaso se tiene vida fallándose a sí mismo cuando se sale a mirar afuera, que por más que se mire a mirar no se alcanza. Como está el día así anda el alma. Asumir la manera de ser que va a durar eternamente como anda el día. Sin voluntad, ¿Se tiene alma? Así como anda el día se tiene la vida.
El autor es escritor.