El rifle del varón heterogéneo y blanco

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Viví muchos años en Nueva York, padecí de ese incómodo sentimiento que es el de estar en un sitio en el que uno sabe que espiritualmente no pertenece. Mis años allá, como diría el irónico y ciego anciano argentino, fueron ficticios. No los sentí, es la verdad; al mirar atrás me parecen un largo sueño. Quizás nunca salí de Santo Domingo. Siento eso, y cuando pienso en los amigos que se quedaron atrás, los veo con pena, pues Estados Unidos es, en el fondo y básicamente, una sociedad enferma, destinada a padecer y a mostrarnos horripilantes estertores, como los tiroteos masivos.
Y como sociedad enferma se producen acontecimientos propios de mentes enfermizas. Tal es el caso de los llamados tiroteos masivos. “Mass shooting”, combinación siniestra de palabras a la que se han habituado ya los tabloides. Un loco aparece con un rifle y es el acabóse. Las horas de duelo se suceden con las aglomeraciones de personas dejando flores en el sitio de la tragedia y un frío tuit presidencial lamentándolo.
La culpa de los tiroteos masivos no la tiene el tipo que más feo de la bolita del mundo se pasa el peine (Trump), tampoco la vituperada Asociación Nacional del Rifle, a la que pertenecen seres que no pueden hilvanar una idea y quienes a lo que más llegan es a una consigna, como Sarah Palin, o Charlton Heston.
Trump tiene un discurso de odio. La Asociación Nacional del Rifle, fundada en el 1871, tiene alrededor de 5 millones de entusiastas miembros. Pero no han construido esa sociedad, tampoco han patrocinado sus cosas más descabelladas: la guerra, la discriminación, la creación de ese Frankenstein alucinado llamado varón blanco anglosajón y el consumismo ante todo. Trump y la Asociación Nacional del Rifle son expresiones ordinarias, pero muy contundentes.
En el tiempo que viví en NY algo que yo intuí y que sentí era que de cada diez varones blancos anglosajones, 8 o nueve podrían ser potenciales tipos que un día podrían aparecerse a un sitio público con un rifle y al otro día ser portadas del New York Post o The New York Times.
Olfateaba yo algo terrorífico en ese tipo joven blanco que iba a sentarse al lado mío en un pub y que escuchaba rock silenciosamente, y que hasta tenía sus posiciones bien tapadas sobre los inmigrantes, los negros y el mundo que no era América, pues se creía el rey del mundo. Entre el blanco y el negro no hay confraternidad, sino “tenso tolerarse”. This is America.
Ahí está el génesis, ahí el meollo querido amigo. Ese varón joven anglosajón es el que ha construido la historia, y ha atravesado la religión, la política, el día a día de la vida estadounidense y cuando se siente que se le invade, que no está bien, dice bienvenida a la acción y el rifle.
Cuando Lennon decía que la mujer era el negro de América no se equivocaba. Pues el mundo americano pertenece al varón heterosexual blanco. Lo demás es monte y culebra. Y si uno escarcea se da cuenta que ese varón es criado bajo los estándares de que el mundo le pertenece y cuando este mundo se le pone difícil o hace cualquier voltereta, entonces, va al rifle. El otro, el inmigrante, el negro, no existe.
Los blancos acabaron con los indígenas y los pocos que quedan viven en reservas. A los negros los subyugaron, los esclavizaron y cuando se liberaron, entonces viven pateándolos, excluyéndolos. Para respirar y mal vivir al negro le quedó el blues y el gueto. Alemania pidió perdón por el holocausto, Estados Unidos jamás se ha rasgado las vestiduras por la esclavitud y tampoco educa para que las nuevas generaciones aborrezcan esa vileza llama racismo.
Los tiroteos masivos seguirán. El varón-blanco-heterogéneo está en crisis, solo hay que persignarse para cuando se esté en un sitio público y éste haga, con rifle AK quién sabe, su triunfal y oscura entrada…
El autor es escritor y periodista.