Falso nacionalismo de Trujillo

PÁGINA 30 1 Rafael Leónidas Trujillo y el presidente haitiano Sténio Vincent.


Entre los muchos mitos que conformó la propaganda oficial durante la Era de Rafael Leónidas Trujillo 1930-1961, el alegado nacionalismo del generalísimo, fue uno de los que se difundió, con el propósito de conformar la noción de que el caudillo militar era un cancerbero de preservar la soberanía nacional, resultando falso de toda falsedad, conforme se conjuga en la jerga jurisprudencial.

Sabemos definitivamente que el globo patrañoso en relación a las supuestas inexistentes virtudes del Padre de la Patria Nueva, Benefactor de la Patria, Primer Maestro, Primer Anticomunista de América, Perínclito Barón de San Cristóbal, y otras adyacencias de ditirambos lacayunos, vinculados a la propaganda de los órganos de difusión de la época, La Voz Dominicana, Radio Clarín, HIN TV, El Caribe, La Nación y La Información de Santiago de los Caballeros, este último, evadiendo lo más posible reducir el edulcorante de la lisonja y la coyunda miserable de la indignidad.

El litoral que ocupa esta entrega está vinculado a la falsa diseminación del supuesto nacionalismo del tirano, que desgloso conforme al rigor histórico, intentando colocarlo en su justo sitial.

El 14 de abril de 1936, el generalísimo Trujillo sostuvo una entrevista en Ciudad Trujillo con su parigual haitiano Stenio Vincent, suscribiendo un tratado proditorio y antinacional, altamente nocivo y condenable, mediante el cual cedía a Haití 5,600 kilómetros cuadrados de territorio dominicano que comprendía las demarcaciones de La Miel, Belladere, San Rafael y La Atalaya, que se extendía hacia el norte hasta la demarcación de Restauración.

Reciente, se detectó un yacimiento aurífero en Los Cacaos, adyacente a Restauración, con un potencial de US$70 mil millones, unas tres cuartas partes en el territorio dominicano valorados en US$50 mil millones, y una cuarta parte al haitiano, evaluados en US$20 mil millones, identificándose al expresidente norteamericano Bill Clinton y su esposa Hillary, como socios relevantes de la futura explotación minera.

Otra prueba irrefutable del supuesto nacionalismo del generalísimo Trujillo la identificamos cuando el 2 de octubre de 1937, en la residencia de su básiga doña Isabel Máyer Rodríguez, en Montecristi, dispuso el genocidio de entre dos mil a tres mil nacionales haitianos residentes ilegales en nuestro territorio, para supuestamente erradicar la presencia indeseable de haitianos que atentaban contra la soberanía, resultando que 14 años después, en 1950, al involucrarse en la industria azucarera adquiriendo y construyendo 12 ingenios, inició el trasiego de mano de obra haitiana para el corte de la caña de sus ingenios.

Cierto que un 90% de los haitianos laborando en el corte de la caña retornaban a su país luego de finalizar la zafra, pero un 10%, y hasta más, empezó a quedarse residiendo aquí, formando bateyes de permanente presencia haitiana, creciente, que primero se aplicó a las siembras de arroz, y cosechas de cacao y café, gradualmente desplazándose hacia las ciudades, formando arrabales y tugurios, hasta desbordar la soberanía nacional, hoy, con el consentimiento expreso e innegable del Partido de la Liberación Dominicana, permitiendo la presencia de más de dos millones de nacionales haitianos ilegales en nuestro territorio, ordenando a los militares que se suponen guardianes de la soberanía nacional el libre ingreso al país por las bíblicas treinta monedas de Iscariotes, para corromperlos y enriquecerlos.

Con esa actitud antinacional, el PLD ciertamente supera la impronta de la incipiente oligarquía dominicana anexando la patria de Juan Pablo Duarte, usando de esquirol al “general” Pedro Santana Familia para liquidar el nacimiento de la Primera República.

El generalísimo Trujillo, en consecuencia, no fue nacionalista, como no lo fueron el “general” Santana, Tomás Bobadilla Briones, Buenaventura Báez Méndez, Ulises Heureaux, Leonel Fernández ni Danilo Medina, todos, traidores al pensamiento y la acción de Juan Pablo Duarte Diez, el único verdadero e impoluto Padre de la patria.