“Inconsistencias engañosas” del lenguaje

Agustín Virgilio Travieso Soto
Agustín Virgilio Travieso Soto


Recordando a nuestro querido tío postizo, el inolvidable y ocurrente educador Agustín Virgilio Travieso Soto, nos llega a la mente lo que él llamaba “inconsistencias engañosas” del lenguaje.
Mirando los recientes Juegos Deportivos Panamericanos, y las diferentes disciplinas no podía apartar de la mente este “genio de la vida” que en vida fue Virgilio.
Virgilio y su hermano, al que apodaban “palo é fuete” por lo flaco que era, mote que su mismo hermano le colocó, eran profesores en la Normal de Varones Presidente Trujillo, ahí en la Duarte donde está el Play de la Normal.
Inmortal del deporte dominicano junto a su inseparable amigo Enrique Ripley Marín, Virgilio fue la bandera del baloncesto y de ahí el nombre que lleva el Pabellón de Baloncesto del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, el Palacio de los Deportes, la Media Manzana.
Fue la pareja Travieso y Ripley los que acompañaron a Güiche García Saleta a levantar el sueño de construir el Centro Olímpico y también la bujía inspiradora de los Doce Juego Centroamericanos del Caribe, que provocó el despegue del deporte nacional.
Ahora en estos XVIII Panamericanos de Lima, cómo ver baloncesto, atletismo y volibol sin recordar a Virgilio…. a Enriquito….a Bebecito Martínez estos dos últimos padres de los exitosos artistas nacionales Geo Ripley y Crismar.
Cómo no recordar al maestro cuando nos decía una y decenas de veces que aprender a salir en una carrera de 100 metros era la clave de aumentar las posibilidades de ganar la misma, cuando siempre me estimulaba a correr las carreras cortas de 100 y 200 metros.
Pero Virgilio estaba lleno de anécdotas y enseñanzas. Pasar un día con él era algo así como un Diplomado de Vida. Y en lo que escribo casi siempre se nota el dejo de las enseñanzas de ese gran maestro del ingenio y la improvisación en el uso del idioma.
Los domingos en mi querido El Nacional de Ahora no dejo de leer a Rafael Peralta Romero y su columna Orto Escritura, y al lado de Como Cada Domingo con los párrafos siempre ilustrativos de mi gran amigo José Rafael Sosa.
Con ellos y el recuerdo de Virgilio, a veces entro en la barra Payán de la 30 de Marzo, y regresan los recuerdos de ese tío/padre…
“Dame un sándwich de queso…..-No hay pan -decía el dependiente, y Virgilio le contestaba de repente…”pues tráemelo sin pan”,… para dejar a todos muertos de la risa.
Para a seguidas….decir….”Dame tres de pierna y ponme uno para llevar”…se comía los tres completos sentado en la barra, con dos jugos de “chinas” sin azúcar y bajaba luego caminando la 30 de Marzo para antes de llegar al edificio del SIM comerse el cuarto “sanguchito” de pierna.
Virgilio… ¿y por qué te comes el otro antes de llegar al SIM…?
“Bueno porque si un día me paran a interrogarme, no me van a quitar mi “sanguche” y si me dejan preso, quedo harto”. Otra vez en el mismo establecimiento compró una pierna de cerdo para llevarle a Yolanda en una Navidad, y caminando de la barra a su casa se la comió casi entera, y al llegar le dijo a su esposa….”Hazte una sopa de hueso para la cena y échale jamón, que todavía queda”.
En todos los eventos deportivos y desde pequeño nos acostumbramos a los trofeos….ganar un trofeo y llevarlo a casa era todo un logro….los trofeos eran lindos….Que “inconsistencia engañosa”, decía Virgilio…..decirle a eso trofeo cuando debía ser “trolindo”,…para entonces llamar Pilindo (Carlos M. Bonetti) a un tipo que es tan feo.
Y es que Virgilio era también aficionado a los apodos….y tenía una curiosa fórmula para evitar que un apodo “se te pegara”…..
Él me decía….”Cuando te digan un apodo que te da cuerda (bulling), repíteselo al que te lo quiere poner…al final se le pegará a él y no a ti…”
Con el paso de los años, sólo me quedó el apodo que yo mismo me forjé, luego de una historia que se remontaba a programas radiales cubanos de la década de los cuarenta.
Y así, una mañana con Virgilio o jugar al softbol con él, era una escuela de vida. Virgilio era lanzador en la Liga Rosa María y cuando yo bateaba me decía….Batea ahí “alita corta” y yo le respondía….Ten cuidado…”Picha y brinca”.
Virgilio fue “in extremis” un gran maestro de aulas, dentro y fuera, donde el repentismo en el lenguaje hacía más a flor de labios la sonrisa, pero siempre respetando esos años que nos separaban, pues eran otros tiempos donde un reproche de un adulto era ley de vida y enseñanza perenne.
Cuanto ha cambiado este cuento….la Caperucita se cambió al Licey y ya no es roja….el lobo se fue al congreso y de ahí a la presidencia, y Alí Babá se casó con Odebrecht dejando más de cuarenta ladrones…”vivos, coleando y sin expedientes”, como el Abbes de Tony Raful.
El autor es médico y artista plástico.