Juez reconoce el derecho a ciudadanía que EEUU negaba a uno de los mellizos de pareja gay

Andrew Dvash-Banks (izq) y su esposo Elad Dvash-Banks con sus mellizos Aiden (izq) y Ethan.


CALIFORNIA, EE.UU.- Son dos pequeños hermanos mellizos, Aiden tiene la ciudadanía estadounidense y el otro, Ethan no. Hace un tiempo, Aiden se mudó sin problemas, con sus dos papás que están legalmente casados, de Canadá a California. Ethan los acompañó con una visa de turista, que tras cierto tiempo expiró y lo dejó en calidad de indocumentado y en riesgo de deportación a la tierna edad de dos años.

La ley confiere la ciudadanía estadounidense por nacimiento a quien tenga al menos un padre estadounidense. Aiden la tiene, pues su padre biológico, Andrew Dvash-Banks, es estadounidense. Pero a Ethan, mellizo de Aiden e hijo de la misma madre, quien contrató su vientre en alquiler, no se le reconocía esa ciudadanía porque su padre biológico, Elad Dvash-Bank, es de nacionalidad israelí. Y aunque Andrew y Elad, una pareja homosexual, están legalmente casados, las autoridades de Estados Unidos rechazaron la validez de esa boda (realizada en Canadá) y no aceptaron que Andrew también es legalmente padre de Ethan y que por ello el pequeño tiene derecho a la ciudadanía estadounidense.

El escenario parece complejo, pero en realidad no lo es: la ley de Estados Unidos concede la ciudadanía por nacimiento a toda persona que tenga al menos un progenitor estadounidense y cumpla con ciertos requisitos. Por ello, para fines legales, Aiden es padre de Ethan, no de modo biológico pero sí jurídicamente al estar el matrimonio homosexual plenamente reconocido en el país. Y, a fin de cuentas, la igualdad de derechos matrimoniales sin importar la orientación sexual o género de los contrayentes valida el hecho de que Ethan es en efecto estadounidense.

El Departamento de Estado, con todo, no compartió esa opinión y negó al pequeño Ethan la ciudadanía estadounidense, como en su momento relatamos en Yahoo. Entonces, la pareja gay presentó una demanda exigiendo el reconocimiento del derecho del niño a la ciudadanía y, por extensión, que se reconozca la plena igualdad de su matrimonio, así éste sea homosexual y celebrado en el extranjero.

El proceso legal fue largo y aunque la familia fue logrando pasos favorables, tuvo también que enfrentar obstáculos sustantivos y angustias.

En principio, no reconocer el matrimonio de la pareja gay porque se dio en Canadá era discriminatorio. Primero porque en Estados Unidos las bodas entre homosexuales están ya plenamente reconocidas por la ley y segundo porque el país reconoce plenamente los matrimonios heterosexuales realizados en el extranjero. Que no se aceptase de igual manera a los matrimonios gay implica una discriminación.

Ese asunto al parecer fue resuelto, pero otro freno impuesto por el Consulado  de Estados Unidos en Toronto fue especialmente punzante: de acuerdo a The Washington Post, esa autoridad exigió a la pareja pruebas de que Ethan y Andrew son de la misma sangre, es decir que uno es hijo biológico del segundo, y pidió datos de ADN para demostrarlo. Solo así, se concluía, el Departamento de Estado reconocería que el niño Ethan en efecto tiene al menos un padre estadounidense.

Pero la petición era de suyo imposible de lograr. Aunque Ethan y su hermano Aiden comparten la misma madre, una mujer que los tuvo de modo subrogado, los embriones que le fueron a ella implantados fueron uno (Ethan) concebido con esperma de Elad y otro (Aiden) con el de Andrew. No existe por tanto manera de mostrar que Ethan y Andrew comparten sangre.

El asunto, nuevamente, parece muy intrincado. Pero no lo es. Cuando el caso llegó ante un tribunal, el juez federal John F. Walter desestimó la exigencia de las autoridades y señaló que el asunto de la sangre es totalmente irrelevante. El juez dijo que el Departamento de Estado interpretaba de modo excesivo o exagerado la definición del derecho de ciudadanía de un hijo de estadounidense y dijo que, en realidad, la ley no le exige a una pareja legalmente casada, como son Elad y Andrew, que haya una conexión biológica para que se reconozca a ambos como padres de sus mutuos hijos.

Así, el caso quedó cerrado y su colofón es que Ethan es, y siempre fue, ciudadano estadounidense. Con todo, como señalan activistas de la comunidad LGTB al Post, el Departamento de Estado ha defendido también en otros casos su exigencia de pruebas de la conexión biológica de los hijos en el caso de parejas homosexuales, una situación que es improcedente y va en contra de la igualdad que la ley garantiza a esos matrimonios. Y aunque no es la primera vez que un juez falla en contra de esa pretensión del Departamento de Estado, éste continúa planteando la cuestión de la sangre en casos similares al de la familia Dvash-Bank.

Activistas señalan que no hay razón legal por la que esa autoridad continúe con su exigencia y que aferrarse a ella impone severos riesgos, la deportación en específico, para las personas afectadas. Por ello  esperan que el Departamento de Estado desista de esa práctica y reconozca que la ley de Estados Unidos consagra que los hijos de parejas legalmente casadas, sean uniones gay o heterosexuales, tienen plenos derechos al respecto, incluso aunque no haya necesariamente una conexión biológica entre todos ellos.

Andrew Dvash-Banks (izq) y su esposo Elad Dvash-Banks con sus mellizos Aiden (izq) y Ethan 1