La Amazonía, ¿otra víctima de la ambición y bestialidad humana?

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Hago una pausa del último capítulo de mi tesis sobre los aportes de las cumbres de jefes de Estado iberoamericanas que felizmente estoy finalizando para optar al título de la Maestría en Diplomacia y Relaciones Internacionales en la Universidad de la Tercera Edad. No podía dejar de expresar mi profunda indignación y tristeza por la desgracia ambiental en Brasil y Bolivia.

Me prometí no escribir sobre otros temas hasta culminar mi investigación, pero la magnitud de lo que está ocurriendo en el “pulmón del mundo”, me obliga a esta reflexión.

Imaginémonos qué nos pasaría si nos faltara el aire que respiramos por algunos segundos en este mundo tan convulsionado, explotado, maltratado y terriblemente irrespetado.

Las imágenes de los bosques y animales quemados y la intensidad de las llamas esparcidas aceleradamente proyectan verdaderamente un escenario grotesco, aterrador y cruelmente demostrativo del mundo anarquizado en el que vivimos y peor aún, para las futuras generaciones.

Un mundo donde los intereses políticos y económicos se imponen por encima de la conservación de nuestra flora y fauna, donde los recursos naturales poco importan para quienes desde el poder destruyen el hábitat más importante de la especie humana. ¡El planeta tierra, llora, y llora desconsoladamente!

Sin tierra no hay paraíso, pero mucho menos lo habrá sin agua, sin vegetación, sin oxigeno, sin alimentos, sin animales silvestres, en fin, sin vida, aunque sigamos “teniendo vida”.

Hay temor entre la población mundial sobre las consecuencias inmediatas que generará este desastre ecológico que también ha creado un enfrentamiento verbal entre los presidentes de Brasil, Jair Bolsonaro, y de Francia, Emmanuel Macron.

El gobernante galo acusó al mandatario brasileño de mentir en cuanto a la realidad de los incendios en los bosques tropicales y está convencido de que no le interesa la preservación de la región de la Amazona.

Bolsonaro, de su lado, dijo que la posición del mandatario francés obedece a un plan de naciones extranjeras que pretenden controlar la mayor reserva forestal del planeta.

Ahora bien, ¿es acaso el momento para disputarse la supremacía de un espacio terrenal que ciertamente nos pertenece a todos, y no a un gobierno o a instituciones internacionales?

Los indígenas que viven allí son injustamente marginados y excluidos del debate, pero se olvida que son ellos quienes precisamente los que mejor cuidan la naturaleza.

Los culpables del desastres actual son los gobiernos irresponsables que desde hace varios años descuidan la Amazonía y buscan afanosamente convertir ese impresionante lugar en un criadero de ganado, de construcción de viviendas lujosas en las montañas y de explotación de las inmensas minas de oro y otros metales preciosos que todavía se conservan en ese paradisiaco lugar.

Pero duele en el alma ver a los animales silvestres de la Amazonía correr despavoridos buscando alcanzar aire o agua ante la terrible amenaza de las copiosas humaredas que los persiguen, que los asfixian y les arrancan su existencia.

Riqueza de fauna y vegetación
La región de la Amazonía comprende una extensión de siete millones de kilómetros cuadrados distribuidos entre Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Venezuela, Ecuador, Guyana, Francia (Guyana Francesa) y Surinam.
Sólo Brasil, tiene alrededor de 4 millones de km2 de extensión de la selva amazónica, es decir, el 65%. El territorio brasileño es de 8.5 millones de Km2 y una población de 207 millones de habitantes.

Según investigaciones desde 1970 hasta la fecha (sin incluir las consecuencias de los incendios actuales) el gigante suramericano ha perdido más de 700 mil Km2 de su área boscosa ante la indetenible deforestación impulsada por las manos del hombre.

El autor es periodista y catedrático universitario.