La hazaña más trascendental del hombre



Cuando el cosmonauta norteamericano Neil Armstrong pisó por primera vez la superficie de la Luna, el histórico y memorable 20 de julio de 1969, el hombre marcaba la hazaña más trascendente en la historia de la humanidad, seguido por Edwin Aldrin, (Buzz), el segundo en pisar la superficie lunar.
“Aquí, el águila, aterrizando en la superficie lunar”, comunicó Aldrin al presidente de EE.UU., Richard Nixon, que le escuchaba y veía en el mismo instante, a 380 mil kilómetros de distancia, conversando del satélite a la Tierra. Increíble, pero cierto.
Correcto fuese decir: “Aquí, el Águila, alunizando en la Luna”, como en su momento un astronauta dirá: “Aquí amartizando en Marte”.
Era la una y quince minutos de ese día, el autor de este trabajo residía temporalmente en Nueva York, y refractario a trasnocharme, aguardé paciente presenciar la odisea más extraordinaria registrada del hombre, superior a las gestas del Almirante Cristóbal Colón de unir el mundo conocido por el desconocido el 12 de octubre de 1492, y la de Juan Sebastián El Cano, el primero que circunvaló el globo terráqueo el 6 de septiembre de 1522. Zarpó de Sevilla el 10 de agosto de 159, regresando tres años después capitaneando la nave Victoria.
Original, el capitán de la expedición fue Fernando de Magallanes, nauta luso, pereciendo de un flechazo por los indígenas en la isla Mactán, Filipinas, el 27 de abril de 1521.
Esas comparaciones, porque esos dos intrépidos nautas concretizaron sus hazañas en el planeta Tierra, mientras que Neil Armstrong y Buzz Aldrin lograban negociar una distancia enorme en tres días de vuelo, desertar de la esfera terrestre, vencer la gravedad, posarse en la superficie selenita, acoplar el módulo lunar, y completar la odisea, retornando al hogar terrícola, desde donde despegaron tres días antes, el 16, en la estación espacial John Fitzgerald Kennedy de Cabo Cañaveral, Florida.
“Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”, se escuchó la aldea Tierra al cosmonauta Aldrin expresar al presidente Richard Nixon, con el fondo ríspido y brilloso del paisaje selenita, y la bandera de las barras y las estrellas arriada, porque la Luna es un satélite ingrávido, donde no hay vientos, gravedad, sonidos, ni vida.
La aventura por la supremacía espacial que inició la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1957 con la nave Sputnik, colocando en su vientre a la perrita Laika como cobayo para monitorear sus reacciones físicas (presión arterial y neumológico), impactó a nivel planetario el éxito del experimento, que sirvió a la URSS como demostración de superación por la conquista espacial.
El 12 de abril de 1961, el astronauta ruso Yuri Gagarin circunvalaba, el primero, la esfera terrestre, en el módulo Vostok 3KA-3, y el 25 de julio de 1984, la cosmonauta Svetlana Swistskaya, caminó fuera del módulo, en la inmensidad del infinito, primera en hacerlo.
La odisea del Apolo 11 fue seguida por seis intentos más con la misma denominación, Apolo 12 alunizó el 19 de noviembre de 1969, apenas 120 días del anterior éxito, en esta ocasión transportando a los astronautas Conrad Bean y Richard Gordon, hollando la superficie lunar, otro éxito que los soviéticos no han logrado igualar nunca.
Apolo 13 el 14 de abril de 1970 explotó tanque oxígeno y obligó retornar a casa. Apolo 14 ingresó a la Luna el 5 de febrero de 1971 tripulada por Alan Shepard, Satchel Roose y Edgard Mitchell. Apolo 15 alunizó el 30 de julio de 1971 tripulada por David Scott, James Brewer y Alfred Wordan.
Apolo 16 alunizó el 21 de abril de 1972 tripulada por John Young, comandante, Charles Duke y Thomas Mattingly.
Apolo 17 alunizó el 11 de diciembre de 1972 tripulada por Eugene Corner, comandante, Ronald Evans y Harrison Schmit, última expedición extraterrestre hasta la fecha.
Reciente, el presidente Donld Trump avanzó que someterá al Congreso una ponencia para reactivar las exploraciones a la Luna y Marte, con una puja inicial de costos por US$1,600 millones.
La gran interrogante hasta hoy, no explicada, se cierne a los motivos reales que persiguen EE.UU. y Rusia en la aventura espacial, que agrega India, China, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia e Israel, que procuran estos primeros países enviando sondas y humanos a los planetas más cercanos al nuestro, y más allá.
Los primeros astronautas de la nave Apolo 11 colectaron 383 kilos de polvo y rocas lunares, objeto de estudios que han determinado su contenido mineral y otros elementos que pudieran contener ingredientes de uso positivo para los humanos, hasta hoy, top secret.
Especulaciones las hay en el sentido que los países interesados en enviar sondas y humanos a la Luna y Marte próximos a nuestro planeta consiste en determinar si las estructuras de esos suelos contienen elementos superiores a nuestros metales y el contenido de poder energético que pudieran poseer, como alternativa y visión a la ecuación de que tanto los metales como los hidrocarburos llegará un momento que se agotarán, y para impedir regresar a la cultura arbórea de nuestros antepasados homínidos, la alternativa correcta parece prospectar e identificar las potencialidades en estos aspectos de los suelos de esos dos astros, posibles de pisar su suelo y retornar a casa.
Al autor de este trabajo resulta imposible abrir otra especulación ajena a las dos expuestas.