La música y el mantra

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La música siempre ha acompañado al hombre. Desde el habitante de las cavernas que escuchaba el viento y se dormía, hasta el campesino del remoto lugar que pitaba mientras pastoreaba su rebaño en una crepuscular tarde.

Cada época tiene su música. Cada tierra tiene los artistas que en su laboratorio de vida se cuece. Tango, cha cha, son, merengue, balada italiana. En fin, largo sería hacer ese estudio, pero lo cierto es que la música se mueve como la economía y Wall Street, siempre cambiando, siempre desconcertado, en una curva que nunca es serena.

En la actualidad estamos con la música que la época ha parido. No hay que categorizarla como buena ni mala. De eso se encargan los especialistas. Y lo que está a la vista no necesitan Ray Ban ni nada por el estilo ni mucho menos que uno venga con un aburrido estudio sociológico a tratar de echar luz sobre el tema.

Me detendré en unos puntos que ha reflexionado y que quiero compartir con usted. Por ejemplo, desde hace tiempo me he preguntado por qué una canción es un producto artístico que se puede escuchar cientos y miles de veces y no cansa. Por qué no ocurre lo mismo con una novela, un poema, un cuento, cuya lectura, en la mayoría de los casos se hace cinco o siete veces a lo largo de la vida.

Bueno, en eso nos llevan la delantera los cantantes y los compositores de música populares, quienes al parecer disfrutan de la exclusividad de las orejas y los oídos de los seres humanos. Los demás, poetas, escritores y periodistas tenemos que contentarnos con que un producto artístico nuestro, sea leído, cuando mucho, dos o tres veces.

Y es que la canción es como un mantra popular. Una canción se nos mete en los oídos y nos obliga a repetirla. De ahí que produzca.
En la religión la repetición del mantra busca la iluminación, desatar cierta pureza, cierta liberación. En el caso de la canción, que es un mantra a su modo, se busca, producir la tristeza, la nostalgia, la melancolía, la alegría, la remembranza, cierto éxtasis.

El estribillo es una especie de mantra. La repetición le confiere esa categoría, máxime si está acompañado de música, y elevado por la garganta.

Los boleros, las baladas, el rock, la música social y alternativa, producen ciertos estados. Aquí hoy he venido a preguntarme qué produce en los jóvenes la música que se escucha, y que en su mayoría es un canto al yo, y a su curva del deseo.

Convengo, que la canción es un mantra popular. De ahí que la dupla garganta-canción, lo produzca, sí esa repetición hasta el hartazgo del estribillo crea eso. Usted que me escucha tiene una canción que es un mantra, es un bolero, una salsa, una balada. Ese mantra lo lleva a la sensibilidad, a la sensiblería. Y al obrero, al hombre común y corriente también.

Los Beatles fueron especialistas en la creación de mantras. Fueron a la india donde el venerable Maharishi, y de allí vinieron con Magical Mistery Tour, Norwegian Wood, y otros. La muerte de su cabeza y manager por drogas, el asunto de los amoríos de Yoko Ono y John Lennon, el estrepitoso éxito, lo llevaron a un vacío.

Yo escucho canción por ejemplo buscando un estado espiritual, que me atraviese ese encanto que es el sonido, una bella voz. Por ejemplo escucho a Amalia Rodriguez, la reina del Fado, y siento que me pierdo en esa tristeza cósmica que es voz. Escuchaba a Aznavour, y me encantaba esa forma en que le cantaba a la ruptura de las relaciones.

Pero bueno, quiero que hoy discutamos la música de hoy. Lo que he esuchado está atravesado por lo soez, por la violencia, por un sensualismo chato. Pero es la música de este tiempo, es el mantra que hoy enaborlan los jóvenes, y tienen el pleno derecho a disfrutárselo como uno lo hacía con Freddy Mercury, Los Beatles, Louis Armstrong, Johnny Ventura.

El rap, el deambow, reguetón, el trap, tienen su mantra. El cantante Alfa expresa: “Me fui en cegueta y los jóvenes lo repiten. Tiene esa canción y cómo él lo matiza un encanto que llama a la repetición, a escuchar de nuevo. Por la misma tesitura están el lápiz.

Nosotros anduvimos con nuestros mantras, con nuestras canciones, con nuestra vellonera en el alma. Los jóvenes de hoy andan con sus Internet, sus redes, por todo lo alto. El mundo ha cambiado, y tenemos que aceptarlo.

En conclusión, amigos, establezcamos que la canción que suena hoy en día, que el ritmo que es popular establece y pontifica su discurso lirico, su estribillo, su estrofa, y que soez o no, idílica o sensiblera, a fin de cuentas crea un mantra.