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Las vacas sagradas del Estado

Las vacas sagradas del Estado

El presidente Luis Abinader

Cuando nuestro presidente Luis Abinader destituyó, el pasado 8 de septiembre, al director de Comunidad Digna, Juan Maldonado Castro, acusado de prácticas non sanctas en el desempeño de sus responsabilidades públicas, el noveno funcionario que el gobernante separa de sus funciones por incurrir en inconductas concernientes al manejo de recursos del contribuyente, emitió un vozarrón que repercutió en los confines patrios, precisando: “En este país ya no hay vacas sagradas. En este país todo el que la hace la paga. Ya se encargará la justicia de determinar”.

La socorrida sensación ciudadana es que parece que algunos en realidad no han entendido en su real contenido y dimensión, la filosofía moralista que nuestro gobernante intenta imprimir relacionado con el manejo de los recursos públicos administrados por el Estado, equivocadamente interpretando que solo es una pose del mandatario, cuando en realidad es todo un sólido programa de gobierno tendente a moralizar la administración pública.

Empero, considero que esa laudable filosofía de nuestro presidente moralizar la cosa pública no debe detenerse en personas, sino más bien en instituciones del Estado, como la Policía Nacional, la seguridad pública, hoy flagelada, con una ciudadanía consternada y temerosa, ante la ineficiencia de su incumbente, mayor general Edward Sánchez González, con todas las características de un posible buen director, como académico que es, de la Academia Policial, no un director policial.

Extensivo al ministro del Interior, Jesús Vázquez Martínez, un eventual director de un organismo agropecuario del Estado, no en su actual incumbencia, donde ha demostrado impericia y método malogrado en sus fines esenciales de disminuir la delincuencia, a niveles aterrantes.

Completando el ministerio de Defensa en su actual estructura, y su titular, teniente general ERD Carlos Luciano Díaz Morfa, con experiencia como espaldero del difunto ex vicepresidente Jacinto Peynado Garrigosa y el ex presidente Hipólito Mejía, a quien corresponde por mucho, por sobre quien lo designó en una poltrona, demostrando palmaria incapacidad para el puesto.

Es posible identificar el crecimiento exponencial delincuencial solo viendo y escuchando los noticieros radiales y televisivos, observando las crónicas rojas de los periódicos, reseñando el auge pasmoso de atracos con armas de fuego a todas horas, obligando a la ciudadanía a otro toque de queda diferente al sanitario, por el temor a los desmanes de la canalla, que inclusive dispone de Zonas Apaches, es decir, donde la uniformada no osa incursionar, hecho insólito e inconcebible en los 22 años de gobiernos del presidente Joaquín Balaguer.

Demostración incontrastable de que es ilusorio, además de incorrecto, interpretar que la canalla se trata con paños tibios, sino con el método sin contemplaciones de los intercambios de disparos, y la fórmula 26, es decir, dos tiros y seis pies de tierra, que desde hace tiempo se descontinuó, por el temor de acusación a violentar los derechos humanos que la canalla, precisamente, irrespeta.

No se ha iniciado un programa de desarme, ni modificado la Ley de armas introduciendo permitir solo la tenencia, nunca el porte, ni usar policías, militares y agentes del DNI para identificar en las barriadas quienes poseen armas y quienes integran las bandas para ejecutar delincuencia selectiva.

Tampoco se ha comenzado un examen psiquiátrico a todos quienes disponen de permisos para portar armas, comenzando por los militares y policías, que muchos enajenados hay, para determinar la percepción de cada uno evaluar la vida de un ser humano, y cuando debe usar su arma de fuego.

Concerniente al ministerio de Defensa, nuestro presidente Abinader no ha dispuesto la providencia de instar al titular iniciar un dispositivo de impedir el ingreso de haitianos indocumentados, y descontinuar de forma drástica, percibir beneficios por el tráfico de indocumentados, comenzando por parturientas, que saturan las maternidades fronterizas, Santiago, Mao, Montecristi y el GSD. Tampoco se ha eliminado el barrilito y el cofrecito.

También descontinuar que Defensa aporte seguridad a los ministerios del Estado, por los motivos que conocemos, instruyendo que éstos procuren servicios privados de seguridad.

Esas son vacas sagradas que nuestro gobernante debe eliminar, interpretando su ponencia de que en su gobierno no las hay, completando así el ciclo moralizador del Estado, quizás su mayor aporte al país, por sobre otros logros identificables, y otros predecibles.

Por: UBI RIVAS
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El Nacional

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