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Lo que informé a la RAE

Lo que informé a la RAE

El 11 de este mes, preparé un informe para la Real Academia Española para responder algunas preguntas acerca de lo que hago en esta columna y las razones que me mueven a escribirla y publicarla cada domingo en El Nacional desde hace nueve años. La columna comenzó divulgando normas de escritura, a partir de un manual elaborado teniendo como base la Ortografía de la lengua española.

Cuando se acabó el contenido del manual, la columna había despertado interés de los lectores, entonces surgieron temas lingüísticos relacionados con nuestra realidad, señalando erosiones al perfil de nuestra lengua en el habla cotidiana y por igual en letras de canciones y mensajes publicitarios.

Una de las primeras publicaciones en esa onda pudo ser el comentario sobre la canción “Lágrimas negras”, de Miguel Matamoros, la cual cuenta la historia de cómo alguien -claro, una mujer- murió las ilusiones del artista cubano: “Aunque tú me has dejado en el abandono / Aunque tú has muerto todas mis ilusiones/ En vez de maldecirte con justo encono/ en mis sueños te colmo de bendiciones”. Al compositor se le ocurrió -y no por ignorancia- usar el participio del verbo morir (muerto) cuando tenía que emplear el del verbo matar (matado).

Esta columna persigue combatir falsedades ampliamente repetidas. Ejemplos: los nombres propios no tienen ortografía, los artistas de la palabra tienen licencia para escribir como quieran o en las mayúsculas no se coloca acento ortográfico. Son “reglas” muy repetidas entre los hablantes del español dominicano. A esto se agrega la tendencia a suprimir los signos de interrogación y de entonación al principio de la frase. La columna ha sido reiterativa con este asunto.

Quizá nuestra tendencia más reiterada haya sido la diferenciación de voces de parecida grafía o sonido, llamadas parónimas por los lingüistas. Los cursos de español, el nivel medio y el universitario, se limitan a definir el concepto de paronimia, con ejemplos tan tontos como “bota” y “bata” o “carro” y “caro”. Sin embargo, la verdadera anarquía gramatical radica en confundir “estracto” con “estrato”, “concepción” con “concesión”, “sección” con “sesión” y “cesión”.

El día que esta columna explicó que no es lo mismo “lívido” (adjetivo) que “libido” (sustantivo), hubo reacciones muy sentidas procedentes de lectores que tuvieron la sinceridad de decir que desconocían que fueran dos palabras. Es mucha la gente que se refiere al deseo sexual con una palabra esdrújula: el lívido (esdrújula y con v) o “el líbido” (esdrújula y con b).

La localización de puntos débiles en el habla o la escritura de personas consideradas educadas, por el grado académico alcanzado, ha sido un objetivo persistente de nuestra columna. Apena observar cómo periodistas, locutores, abogados y dirigentes políticos al intervenir en radio o televisión usan formas verbales como “renovo” (renuevo), “descolla” (descuella) o “forza” (fuerza). Presentamos los modelos de conjugación agregando grupos de verbos que siguen ese paradigma.

Afortunadamente, los lectores han respondido muy favorablemente y muchos de ustedes sugieren temas a tratar o formulan preguntas. Todas las respuestas son orientadas por las publicaciones académicas oficiales, sugiriendo como lícitas, en algunos casos, libertades que se permiten los hablantes en consonancia con las necesidades de comunicación. Ejemplo, usar el verbo amanecer en forma personal: “Amanecí otra vez entre tus brazos…” o “Esta noche amanecemos, amanecemos parrandeando”.

En fin, esta columna se escribe para promover el buen uso del idioma español, sin menospreciar las formas propias del habla dominicana, a la vez que recordamos a los hablantes las prerrogativas que les asisten al hablar o escribir, así como las restricciones que les impiden vulnerar las normas que puedan herir el genio de nuestra lengua.

Por: RAFAEL PERALTA ROMERO
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El Nacional