Mundo de rodillas



RAMON RODRIGUEZ

El coronavirus (COVID-19) ha puesto al mundo de rodillas. Ya el siglo XIV había sido escenario de la llamada peste negra, que aunque los historiadores no logran ponerse de acuerdo, no hay dudas de que barrió con un tercio de la población de Europa. Si algo de ”noble” tienen estas epidemias, es que se han se llevado al más allá a reyes, condes y plebeyos sin distinción de edades ni rangos. Sin embargo, en momentos de angustia y desesperación, cuando no tenemos más a manos que pagar con nuestras vidas muestras impotencias, surgen las dudas y llegan a nuestros recuerdos las disquisiciones filosóficas y pensamos si ciertamente Dios ha muerto como tantas veces aseveró Nietzche o si por el contrario, manda señales a este mundo desbocado que se da el lujo de poseer más de mil millones de personas desnutridas.
Y lo peor es que los organismos internacionales tratan de justificarlo con eufemismos como falta de agua potable y pandemias como las que enfrentamos, pero cobardemente ocultan y no se atreven a decir: que una élite mundial que no excede a las diez familias, controlan el planeta en todas sus manifestaciones.
El virus es una realidad
El mundo sufre en carne propia una pandemia que muestra una vez más la debilidad del género humano, pero a la vez saca a relucir la desigualdad social. Millones de seres humanos aguardan en sus casas para romper la cadena de contagio, pero bajo la angustia infinita que provoca la pobreza; Jean Paul Sartre diría que Dios está de vacaciones y que es responsabilidad del hombre, hacer que las cosas sucedan, sólo que en caso de hambruna y ante posible rebeldía, las fuerzas del orden, estarán prestas a reprimir a sus hermanos hambrientos.
Algo aparentemente absurdo se evidencia: el hombre sigue siendo arrogante, pero sumiso y endeble en los momentos de ansiedad crítica, cuando está en juego su supervivencia. En el caso nuestro, al igual que en la novela de Albert Camus ” “La peste”, esperamos que aparezcan más dominicanos que imiten al doctor Rieux, personaje de la novela de marras, que dignifica el género humano y que eleva el sentido de la solidaridad a niveles muy pocas veces vistos.