Opinión

¡País inverosímil!

¡País inverosímil!

Los años pasan inadvertidamente sin que se produzcan cambios sustanciales en las estructuras del poder que conforman el Estado y que permiten el tipo de sociedad en que vivimos, caracterizada por el caos y la anarquía, como resultado del irrespeto a la Constitución y a las leyes.

No es verdad que todos los ciudadanos sean iguales ante las leyes. Ni siquiera ante Dios. Los jueces y los curas no miden a los hombres y mujeres de igual manera. El sentido de clase está presente.

Para que un país sea tal, es preciso que sus instituciones funcionen. Y quienes las dirigen tienen que hacer lo que  manda la Constitución y sus leyes adjetivas. Los funcionarios van y vienen, pero las instituciones deben mantenerse y fortalecerse con los años. Se supone.

Los poderes tradicionales del Estado democrático (Legislativo, Judicial y Ejecutivo), están sujetos a la Constitución, de manera independiente. Esa independencia es política y económica. Pero en nuestro país no es así. El Ejecutivo controla los poderes del Estado, incluyendo los poderes fácticos.

La continuidad del Estado sólo existe en el papel.

El presidente de la República hace lo que quiere. No guarda respeto por la Constitución ni las leyes. Acumula tanto poder, que puede decir quién vive y quién muere, quién es libre y quién no. El presidente es todopoderoso.

Leonel Fernández, “el último emperador”, “el último faraón”, impuso senadores, diputados, alcaldes, regidores, con el dinero del Estado.  Compró las elecciones creando un hoyo fiscal que supera los 200 mil millones de pesos que el pueblo ya está pagando con miseria y sangre.

Todo lo hizo a conciencia. Sabía que no sería tocado por la Justicia. La Cámara de Cuentas, designada por él, lo  santifica diciendo que manejó pulcra y sabiamente las finanzas públicas. Tan poderoso es, que cuando  Guillermo Moreno, de “Alianza País”, lo sometió, inmediatamente, sin alegato técnico jurídico, el procurador rechazó el recurso.

No hay Constitución ni leyes contra este hombre. Él es “el dueño del país”.  Y si no hay justicia para Leonel, tampoco hay cárcel. Ni para sus socios tampoco. Es como digo. Este no es un país. ¡Si es un país, entonces será un país de mierda!

El Nacional

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