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Pobre OMSA

Pobre OMSA

Elvis Valoy

Soy un usuario frecuente de la OMSA, pero reconozco que este servicio estatal está vilmente acorralado, y malamente administrado, por lo que intuyo que se acerca su “punto y final”.

La Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses (OMSA) transita a alta velocidad a su indefectible desaparición. Condenada a muerte por imperativa codicia privatizadora, el óbito de la institución movilizadora de pasajeros se aproxima a pasos agigantados.

La culpa del lento pero seguro deceso de la OMSA es del gobierno del presidente Luis Abinader, que trabaja aceleradamente por su pronta defunción, para de esa manera “quitar” de la vía a un “estorbo” que evita la privatización del servicio de transporte público.

Encontrar una OMSA con aire acondicionado es como sacarse el premio mayor; los timbres para ordenar parada no funcionan, desatándose un verdadero calvario a la hora de que alguien se quiera quedar; el sucio de pisos y asientos es visible; los neumáticos están lisos, y la falta de espejo retrovisores de los vehículos son el pan nuestro de cada día, obligando a los sufridos choferes a tener que “arreglárselas” para poder conducir estas chatarras sobre ruedas.

Las calles y avenidas por las que circulan las guaguas de la OMSA están llenas de hoyos, de tapones y sin iluminación ni agentes de la Digesett, lo que hacen que su trayecto se asemeje a la hoja de la mata de Cambrón, la cual está llena de espinas. Las cajeras son heroínas, viéndose en la obligación de aprender hasta Creole como forma de prestar asistencia a la población haitiana que utiliza sus unidades.

Hallar una OMSA después de las 8 de la noche en Santo Domingo Este es difícil, escasez que es creada por los indolentes administradores de la institución que lo hacen aposta con fines inconfesables.

El Nacional

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