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Política del Estado de Israel

Política del Estado de Israel

Desde antes de nacer como Estado, en los tenebrosos y sangrientos tiempos del Yishuv, Israel escogió el terrorismo como la herramienta más recurrente e infame para consolidar y parir el Estado de Israel el 14 de mayo de 1948, conforme la resolución 181 del 29 de noviembre de 1947 de Naciones Unidas, que dividió el antiguo Mandato Británico de Palestina (1917-1947) en dos Estados, uno árabe y otro judío o hebreo.

La resolución 181 fue etiquetada por los árabes como la “Nakba”, desgracia, porque recrudeció la persecución, el desalojo sistemático de aldeas árabes, radicados por centurias en Palestina, inclusive conllevando armónicas, pacíficas y cooperativas relaciones con los judíos, que eran minorías, en relación a la inmensa mayoría árabe.
Relaciones de buenos vecinos, entre hermanos de padre, que son árabes y hebreos.

La mayor y quizás única reputación de valor en un periodista es, conforme a mi entender de 63 años ejerciendo la profesión más peligrosa e incomprendida del mundo, también la menos remunerativa, y la que con mayor peligro se ejerce, a título de riesgo personal, consiste en demostrar con incuestionables soportes, todo cuanto expone, en mayor proporción, cuando emite juicios de valores relacionados con un hecho, como en el presente trabajo desgloso, con incuestionables referencias históricas.

Previo al desglose del cuestionable y condenable prontuario de agravios y excesos del Estado de Israel contra sus hermanos de padre palestinos que describiré, debo consignar que por mis venas circula la estirpe sefardí, aunque mi latir y mi conciencia me conducen como moro, de manera que cuanto aquí expongo, es reiteración de las concepciones expuestas en mi libro: Palestina, historia de un diferendo milenario.

Además, avalados por reportes históricos fundamentales, rigurosamente ciertos, original del historiador judío Ilan Pappé, en su formidable testimonio: La limpieza étnica de Palestina, inicio el desglose del inconcluso y condenable vía crucis, martirios, asesinatos masivos identificados en la práctica del terrorismo, despojos de centenares de inmuebles y aldeas palestinas, explotadas con C4, limpieza étnica, reiterados asesinatos de niños, mujeres y ancianos no combatientes, incuestionable expresión de genocidio, practicados sistemáticamente como degradante y condenable política de Estado del Estado de Israel, contra sus vecinos árabes y hermanos del padre Abrahán, con su esposa Sara, madre de la progenie hebrea, y su esclava Agar, madre de la progenie árabe o ismaelita.

Los grupúsculos terroristas, precursores del despojo de heredades árabes, ejecutadas por el Palmaj, Irgún, Stern, Haganá, coordinados en el genocida Plan Dalet, consistió en erradicar toda presencia árabe en Palestina, como básico y sine qua non corolario de fundar un solo Estado en Palestina, conformando el añejo propósito del Gran Israel o Creciente Fértil, sueño sionista pautado por el criminal David Ben Gurión, jefe de La Consultoría, versión moderna del Sanedrín en los tiempos de Jesucristo, donde se planeó el protervo y criminal proyecto aludido, signado por el expediente tenebroso de la vía expeditiva.

El criminal Plan Dalet fue creado por David Ben Gurión el 10 marzo de 1948, dos meses antes de fundar el Estado de Israel el 15 de mayo de 1948, y pletórico de vesania, desalojó de sus heredades a más de 150 mil árabes, huyendo la mayoría y asesinados el resto, conforme consigna Pappé en su citada obra, página 68.

Esos excesos, nunca condenados por la ONU, EEUU, Reino Unido, Rusia, Francia y China, es decir, los cinco integrantes del Consejo de Seguridad que nunca han asegurado nada a ningún país, iniciaron la desarabizada de Palestina, consigna Pappé, página 69.

Desde entonces, el mundo ha proseguido callado ante la barbarie, despojos, crímenes sistemáticos de israelíes contra sus hermanos de padre palestinos, cuatro guerras de exterminio de Israel contra el reducto Franja de Gaza, encerrando por tierra, aire y mar a dos millones de palestinos desde 2007 en la cárcel abierta más grande en la historia de la humanidad de 357 kilómetros cuadrados.

Ante ese prontuario de ignominias, facturas del Estado de Israel contra sus hermanos de padre palestinos, la inoperante ONU y su irrelevante Consejo de Seguridad, callan.

Alemania. Italia. El Vaticano. Canadá, los subpoderosos luego de las potencias, callan.
El 9 abril de 1948, apenas 29 días antes de proclamar el Estado de Israel, bandas de facinerosos de Stern e Irgún, masacraron centenares palestinos en la aldea Deir Yassin.

ONU, Consejo de Seguridad, sub poderosos y el mundo, callaron.
El 12 septiembre de 1982, el genocida luego Primer ministro de Israel, Ariel Sharon, lideró pandilla de vándalos, asesinando tres mil palestinos en las carpas de exiliados palestinos de Sabra y Chatila, en Líbano.
ONU, Consejo de Seguridad, subpoderosos y el mundo, callaron.

El Estado de Israel esquilma heredades palestinas en Cisjordania, asentando en tierras robadas quinientas colonias israelíes.

ONU, Consejo de Seguridad, subpoderosos y el mundo, callan.

El Estado de Israel, incuestionable y con irrefutables pruebas, sostiene el terrorismo como abominable, execrable y condenable política de Estado, y con un gran sentido paradojal, deshonrando la verdad y la historia, acusan de terroristas a quienes precisamente se oponen a sus nefandos métodos contra sus hermanos de padre palestinos, como herramienta de chantaje, encofrada de perversa hipocresía.

Por: UBI RIVAS
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El Nacional