Relevos hegemónicos de los marines de EEUU

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En el acta de nacimiento del imperio estadounidense, navíos de madera impusieron su dominio en México y el Caribe, que es su Mare Nostrum, reformados por fortalezas de acero que impusieron su dominio en Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, evolucionando hoy a cientos de bases militares navales y aéreas desperdigadas por el orbe terráqueo.

Ese formidable aparato militar hasta ahora insuperable, y por eso es un imperio, que es donde afincan su dominio en la superación tecnológica, vemos como es sustituido sin ruidos, declaraciones jactanciosas, simple royendo en silencio, pero continuo, conforme los roedores, por sanciones económicas y sabotajes a las estructuras determinantes de los países a quienes diseñan cobijarlos en su área de influencia, mejor expresado, dominio.

Sanciones a Irán de los ayatollas chiíes, porque sencillamente deciden vender sus abundantes reservas de petróleo a quienes mejor convengan a sus intereses geopolíticos, en su porfía por el control geopolítico del Golfo Pérsico con la Arabia Saudita suní, aliada firme del imperio formalizada a principios del siglo XX por el Gran Ibn Saud, patriarca de la dinastía wahabita, con el presidente Franklyn Delano Roosevelt.

Sanciones a la Rusia de Vladimir Putin, un líder poderoso a tener en cuenta, por anexar Crimea y perseguir dominar a Ucrania, dos enclaves de su entorno geográfico, conforme diseña el imperio culminar la era controversial del chavismo en Venezuela, y defenestrar al inmaduro Nicolás Maduro, que obtendrá en breve, donde el imperio estrena la novedad del sabotaje a las líneas matrices de la estructura eléctrica de Venezuela.

Nunca en la era moderna un imperio ha desplegado su influencia avasallante para domesticar voluntades políticas independientes o ariscas, como Estados Unidos, ora con los marines en el Big Stick de Teddy Roosevelt, ora en la diplomacia de las cañoneras de Woodrow Wilson.

Ora creando guerras para apuntalar economía en crisis, como hizo el primer Roosevelt con el crucero Maine, surto en La Habana, justificar intervenir en Cuba, y escindir de Colombia la provincia de Panamá, y construir la vía acuática interoceánica, creando un país, usando de alicates a Buneau-Varilla, y el segundo Roosevelt consentir a la flota nipona destruir a Pearl Harbor, justificante para debutar en la II Guerra Mundial, luciferina terapia de superar la recesión de 1929 que lastraba al imperio.

Las decenas de bases militares del imperio que acordonan al planeta como un cinturón, ahora en realidad son reflejos motivacionales para impresionar y sugestionar, porque su rol decisivo para imponer situaciones conforme a los intereses primarios del imperio, resultan superadas por los mecanismos sofisticados de sanciones y sabotajes.

Descreo que el interés primigenio del presidente de la sociedad imperial que lidera Donald Trump radica en disponer de las reservas petroleras de Venezuela, estimadas en 301,501 millones de barriles, seguidas por Arabia Saudita 264,516 mbp, Canadá 178, 100 mbp, Rusia 79 mil mbp, EE.UU. 21,100 mbp y China 15,700 mbp.

El factor nodal del presidente Trump con Venezuela conforme estimo, radica en eliminar el germen del llamado “socialismo del siglo XXI”, una quimera, patraña y fiasco colosal, como lo fue 73 años de socialismo comunista en aRusia, y con el respaldo de todo el empaque de poder que dispone, más las incidencias de las sanciones y el sabotaje eléctrico, mostrar a los vecinos de Nicaragua, Cuba y Bolivia, cual es la opción viable, sin precisa recurrir a los novedosos métodos coercitivos de imponer la hegemonía y preservar el dominio geopolítico.

Al insistir con afectos de tertulias que afirman que el imperio no vota en los países para imponer sus preferencias, acudo a la memoria de quien posibilitó el retorno al país y al poder, sin emitir un voto, de Joaquín Balaguer.

Quien defenestró al presidente Juan Bosch sin emitir un voto.
Quien impuso de gobernante provisional sin emitir un voto a Héctor García Cáceres al concluir la revuelta fratricida de abril 1965.

Quien se opuso a Juan Bosch, sin emitir un voto, retornar al poder, con o sin elecciones.
Retomando los esperpentos de sanciones y sabotajes, referentes frescos en la Venezuela chavista de hoy, y ante un certamen cívico que se aproxima aquí en 2020, cuál sería el accionar del imperio ante la continuación del PLD en el poder, que provoca hartazgo, y una peligrosa incertidumbre, si luego del proceso comicial, surgen uno o varios apagones, como acontece en Venezuela hoy, respuesta subliminal de quien no vota aquí, pero decide, por un candidato disidente del aggiornamento imperial, pasando factura a nuestro presidente Danilo Medina, por desertar de Taipei y decantarse por Pekín.

Tarea que asigno de concepción interpretativa a cada amable lector de este trabajo.