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REMEMBRANZAS

REMEMBRANZAS

Saudades por las monedas fragmentarias

A propósito de la puesta en circulación de las monedas de un peso dispuesta por nuestro Banco Central el día 27 de agosto reciente, es propicio evocar los lejanos, pero inolvidables tiempos felices, en que apenas éramos documentados con la Cédula de Identidad y Electoral, los carné del Servicio Militar Obligatorio y la Palmita del Partido Dominicano, los llamados Tres Golpes de la Era del Perínclito Barón de San Cristóbal, sin tarjetas de crédito de hogaño que asfixian a la clase media.

Eran los tiempos de soterrado terror, pero barnizados de felicidad, porque todo tenía precios ínfimos, hasta la vida de todos, a disposición de El Jefe, por el menor desvarío, tiempos en que el dinero, el peso, los medio pesos, 25, 10, 5 y un centavo valían mucho, tenían gran poder adquisitivo, todo lo que adquiramos valía poco, y hoy es al revés, el dinero no vale gran cosa y todo muchísimo.

Con una desaparecida mota adquiría un gofio, pilón, bienmesabe, pionono, conconete, hojaldre, piñonate.

Las monedas fragmentarias tenían un valor intrínseco, comenzando que desde 1947, cuando se crea el signo monetario dominicano, un par de zapatos Freeman que compraba cada año cuando pasaba de curso de primaria y secundaria que mi abuela materna Angélica Nouel Victoria de Rivas me regalaba.

Acudía a la tienda de calzados Los Muchachos del Primer Santiago de América, Santiago de los Caballeros, mi adorada patria chica, y a Admón y Felipe Elías que eran dependientes, les decía me consiguieran un par de zapatos con un pequeño defecto, y Admón me decía paga RD$18, y esos dos pesos era un mundo de dinero, porque representaban ocho boletos de cine a 25 centavos, en la tanda vespertina de los cines Colón y Apolo, hoy desaparecidos. Hoy limpiar zapatos cuesta RD$30.

Compraba los libros en la Librería Santiago, que administraba Nidio Fermín, pero que Petra Rodríguez estaba al frente, y me fiaba libros que costaban 80 centavos y $1.25, los pagaba en cuotas de 25 centavos, privándome de tandas de cine.

La casa paterna donde residí desde 1945 hasta 1961, en la calle José Trujillo Valdez, hoy Restauración 161, contiguo a la entonces Mansión Presidencial antes de El Jefe construir la de la avenida Juan Luis Franco Bidó, hoy Duarte, de dos pisos, con cuatro habitaciones en el segundo piso, sala, dos comedores y un baño abajo y medio arriba, pagaba $20. La factura de la CDE era $1.25 con la recogida de basura incluida. Tenía un cuarto de mampostería donde mi padre tenía su taller de mecánico armero.

La cuota en el colegio de las hermanas Liz $3, en el Colegio De la Salle, donde estudié semi interno cuarto y quinto grado, cuota incluyendo transporte $20.

Las camisas de vestir Arrow, Van Heusen y Manhattan $5, Cub y Gualco $3, cortes de palm beach para trajes $15, confección $8 con mi sastre Alexis Disoné. Las remontas de calzado 50 centavos, media suela y corrida un peso. Los pantaloncitos de baño Jantzen $5.

Cervezas Presidente pequeñas tres por un peso. Chatas de Bermúdez, Brugal y Barceló Carta Real, 75 centavos, litro Fundador Pedro Domeq $1.25, Withe Label servido en restaurantes $5. Los panes de agua grandes a tres por cinco centavos.

Huevos criollos, siete por diez centavos. Libra pollo criollo (no había granjas) ocho centavos, un chivo $1.50, pierna 25 centavos, libra filete res limpia 60 centavos, pote cátchup Libbys 25 centavos, botella leche con nata tres centavos, arroz con pollo con petit pois en café Antillas, mi plato preferido, 75 centavos.

Pasaje Santiago-Ciudad Trujillo en Línea Duarte $3.50, procurando en casa y llevando a su destino. Galón gasolina 25 centavos. A Montecristi un peso, en las guaguas de Pablo Brosuard (Palé), 50 centavos, a La Vega, a Moca 25 centavos, a Puerto Plata en carro un peso. Boleto a NY en Panam $75 ida y vuelta. Puerto Rico $45 en Aerovías Quisqueyanas. Carros concho diez centavos, guaguas cinco.
Las monedas fragmentarias tenían poder adquisitivo de amplio espectro, hoy la inflación las ha relegado a residuos de devolución, porque nada se adquiere con 5, 10, 25, 50 centavos, un peso, y motas, cheles, cinco y diez centavos (realitos), desaparecieron.

Carro Chevrolet Fletine nuevo $3,500. Cepillo Volskwagen que popularizó el temible SIM $700. En 1975-1976 compré a don Enrique Peynado Soler dos Volvos nuevos por $9 mil y $11 cada uno, hoy juego gomas $20 mil. A José Antonio Najri Sesari compre un VW cepillo con aire acondicionado $9 mil en 1980.
Los soberbios hambergues Los Imperiales 35 centavos. Helados Capri 15 centavos. En el Bar Colón un panaché, bizcocho con una bola de helado mantecado 15 centavos.
Era una economía dolarizada hasta 1974. La vida era una delicia. Hoy, reto, zozobra, estres, escuatro.

El Nacional