Sequía: primeros partos de un dolor sin prevención

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La sequía que afecta a nuestro país ha llegado a niveles de estragos que no se habían visto en décadas. Cual si fuera uno de esos panoramas típicos de tierra seca y animales muertos que solo conocíamos por fotos en la prensa o imágenes en la televisión reflejando un problema distante en algún país africano, hoy, esos panoramas son realidades nuestras en las regiones sur, suroeste y noroeste que amenazan a miles de personas y la economía del país.

Ríos sin agua, ganado vacuno que, en vez de pacer, camina hacia la muerte y un verdor que también muere día tras día cediendo su paso a un ambiente seco y desolador son las secuelas de esta sequía, Crónica de una muerte anunciada, pues desde hace ya varios años, personas entendidas en la materia han venido alertando sobre este problema.

La sequía es uno de los males que nos trae el cambio climático, una caja de Pandora que todavía no se ha abierto por completo. El cambio climático implica un aumento de la temperatura media mundial, algo que no debería llegar a los dos grados centígrados, pues produciría efectos negativos en los ecosistemas del mundo: sequías prolongadas, tormentas de nieve, aumento del nivel del agua, temperaturas bajas en regiones templadas y otras locuras. Por una de esas inexplicables paradojas de la vida, son los países ricos los que producen la mayor emisión de dióxido de carbono y, sin embargo, somos nosotros, los países pobres en África, Asia y Latinoamérica, los más afectados.

Estudios científicos hechos en el país sobre la variación del clima nacional ya pronosticaban sequías intensas para el año 2020.

Lo malo de todo esto no es que dicho pronóstico empezara más temprano, sino que la extensión de los periodos largos sin agua irán cada vez más en aumento, así como también las olas de calor anuales durante un tiempo que podría contarse por décadas. Hemos sido advertidos, pero… ¿qué hemos hecho para prevenirnos?

La sequía actual no es una fiebre pasajera, sino que dejará en muchos su marca casi indeleble. Somos un país agrícola y ¿qué es un país agrícola sin agua? En muchos países africanos, las personas tienen que caminar kilómetros para buscar ese necesario líquido y en muchos lugares en la India, la gente está forzada a aprender a vivir con un cubo de agua al día. Es cierto que en estos momentos estamos lejos de esos niveles, pero tomando en cuenta que es ahora cuando empezamos a sentir los efectos del cambio climático, nadie ni nada puede asegurar que en treinta o cuarenta años no estaremos en similar situación.

Es, tal vez, por ese mismo hecho de haber tenido hasta ahora un clima privilegiado que la gente tiende a tomar en broma casi todo, incluyendo los problemas.

Por relatos de personas que han visto y vivido sequías en sus países de orígenes, les aseguro que una severa y prolongada sequía no es un juego entre el Licey y el Escogido. Hay, pues, que empezar a prepararse en serio y encarar el problema con soluciones efectivas. Llevar un camión cisterna a los lugares más afectados palea el problema, pero no lo resuelve y decirles a los agricultores que no siembren por no poderles garantizar el agua para el regadío es como regalarle un féretro a un enfermo para indicarle cuán mal está su salud.

Empecemos por eliminar el desperdicio de agua. En cualquier lugar del país, es casi imposible terminar de recorrer una calle sin encontrarse con varias casas en donde se esté escapando agua de un grifo. Lo mismo sucede con las fugas por averías en las tuberías, el talón de Aquiles de la CAASD y otros departamentos gubernamentales competentes a nivel nacional. Y como somos un pueblo de dura cerviz, habrá que aumentar las campañas de educación sobre el uso racionalizado del agua. Plantas desalinizadoras para convertir el agua del mar en agua potable es una opción viable, pues ya hay en países como Chile, aun cuando se utilicen allí por razones de minería. Para el año 2025, se prevé que unos 1800 millones de personas vivirán en condiciones de grave escasez de agua, según Naciones Unidas.

Preparémonos ahora, que tenemos tiempo, para no convertirnos mañana en una pequeña África seca.
El autor es periodista.