Semana

Sinfonía de las cacerolas

Sinfonía de las cacerolas

Miguel Solano
mesolano@aol.com
Luis R. Santos interpone en nuestras memorias una historia que todos supimos vivir. Yo compré un viejo caldero, de extraños sonidos, que grita como un ruiseñor al que un perdigón le ha atravesado su indefenso corazón. Le pagué a un sepultador de grasas y humo para que le diera un baño de brillo y lo dejó como a un beibi sacado de un caño de lluvia. Cuando yo, desde la ventana de la Solséptima, le entonaba el ritmo de «¡Se van…Ya se van!, toda Bella Vista se la gozaba. Y la danza llegaba hasta la Luperón, que queda a cinco kilómetros de distancia.
La presentación de la obra, en la Biblioteca Nacional, bajo la dirección de Rafael Peralta Romero, fue un acto memorable. Tanto el discurso de Avelino Stanley, quien presentó a la acusadora, como el de Luis R. Santos, el autor, yo le aconsejo que invierta el tiempo necesario en escucharlos. Ahí te facilito el link.
https://www.facebook.com/650188780/videos/10159124520283781
/?d=n
Para desarrollar el proyecto propuesto, LRS, explora un estado de la corrupción que podemos bautizar como «Superfluido». Y ese estado de superfluidez proporcionó las pimientas que dijeron picante al sancocho en la novela.
Así que usted la va almorzando como a un caldo caliente. Mastica vocales y consonantes que parecen las siete proteínas del sancocho y que no te ofrecen resistencia al entrar en el paladar de la justicia popular, esa que los poetas les ofrecemos a los pueblos para hacer eterno el anhelo de lo justo.
Con Antoliano Peralta Romero, el Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo, Luis R. Santos le envió un ejemplar al presidente Luis Abinader. Las cacerolas tocan ahora para el Mandatario. Y creo que la está escuchando.
El presidente se encuentra con el dilema de reformar a una policía que disfruta sus masacres. La derecha ríe y goza su creencia de que la Administración Abinader no podrá destruir el maléfico estado organizado por Danilo Medina y sus malhechores. Nosotros, los poetas, que podemos leer la memoria del agua, te garantizamos, amigo lector, que, así como los echamos del gobierno los echaremos del Estado.
La corruptela
La capacidad preventiva de la ciencia humana está muy por encima de las necesidades materiales del Ser, la capacidad preventiva de los pueblos está muy por encima de aquellos perversos que logran adquirir puestos públicos. Y los peledeístas, guiados y orientados por mí, preferimos elegir un futuro incierto que aferrarnos a una desgracia cierta.
Luis R. Santos trabaja su creatividad creyendo que hay un propósito: Institucionalizar a Quisqueya; una esperanza: vivir en una democracia fuerte, sana, ágil; y un testigo: un pueblo que ha ajusticiado a todos sus tiranos y que no vacila a la hora de tocar las cacerolas y que sabe basilar sus sinfonías.
Lo demostró ese negro llamado Johnny Ventura frente al Congreso. Ese negro fue el mismo negro que en 1965, desarmado, solo con sus puños, se le paro frente a frente al gringo y le dijo: ¡Inténtalo para que vea!
Cuando Luis R. Santos narra, en el último párrafo de la página 171, la forma de cómo Dani Nadime saca de la cárcel de Najayo a Tamocles Montés y lo pone al frente de la presidencia del PLD, hace un cuadro perfecto de la corruptela:
— fue como decirles a los dominicanos, miren, ustedes son unos comemierdas, nosotros somos los dueños de este burdel y hacemos lo que nos venga en ganas. Ahí les ponemos de presidente del partido oficial a un reo de la justicia, al confeso sobornado de Odebrecht. Y si a usted no le gusta, pues jodase, es su problema. Soy el dueño de este corral, si no le gustan las decisiones que tomo, salte la cerca, y lárguese.
Diarreas de Palacio
En materia de corrupción en la administración pública tenemos récord mundial, pero parece que también tenemos su contraparte: todo indica que tenemos récord mundial en políticos que sufren de cancel, viven con cáncer y mueren de cáncer. Y todo parece indicar que tenemos récord mundial en hijos de políticos que no quieren saber nada de sus padres. Incluso, aquellos que lograron fugarse del país, adjuran que no regresarán jamás para no tener que verles las caras a sus padres y aquellos que se han quedado han tenido que unir sus destinos al ya perverso recorrido por sus ancestros. Lo que mejor describe la tragedia familiar en el mundo de la política es la diarrea. No importa cuán poderoso sea el rey, cuando el Estado se vuelve contra él, no hay colon que resista. Esa parte del intestino grueso que está comprendida entre el íleon y el recto se desgrana como arena tirada a la mar. Para narrarlo Luis R. Santos eligió el día correcto, la noche perfecta y la hora santa: Doce de la noche del 31 de diciembre:
— El Padrino empezó a sentir unos retortijones en las tripas. Dejó la conversación que tenía con La Sombra y fue al baño de su habitación. Apenas le dio tiempo de soltarse la correa y bajarse los pantalones. Un potente chorro de heces empezó a caer en la tasa del inodoro más importante del país, y al mismo tiempo una ráfaga de cólicos lo doblegaba. Sudaba copiosamente y empezó a sentir mareos, a perder la visión. Y seguía expulsando heces con la urgencia que tienen los intestinos intoxicados; hubo un momento en que la bolsa del escroto empezó a hundirse en la cargazón, por lo que se vio precisado a incorporarse para darle al mecanismo de descarga del inodoro. Y el dolor no le daba tregua ni la diarrea tampoco.
El lector descubrirá cómo la creativa de Luis R. Santos dejó a Dani Nadime atrapado en el insaltable pozo de las desgracias. Quedó amarrado allí, portando en su mano la pastilla de cianuro que harían el milagro de impedir futuras diarreas.
El autor es escritor.

El Nacional