Sólo voy por café, libro de cuentos



PÁGINA 28

La ciencia solo debe servir para darle belleza y fe a la narrativa y la narrativa para explicar aquel pasado que nunca se entendió, animar las incertidumbres del presente y guiar la ciencia hacia el futuro. Esa debe ser la normativa de su alianza. Marcia Castillo, quien nació en Sánchez, Samaná, en 1976, es doctora en Medicina, con especialidad en neurología, investigadora en el área de neurociencias y profesora adjunta de la cátedra de neurogeriatría y neurología en el hospital Doctor Vinicio Calventi.

En Solo voy por café, Marcia fue guiada por una sabia intuición y supo convertir sus conocimientos científicos en aliados de la belleza y la fe, elementos estos que el lector espera como espera la mar a la luna para con sus olas intentar alcanzarla, acariciarse las manos.

Sencillo pero único. La estructura narrativa surge de su vinculación con los personajes, con su diaria memoria, que le permitieron el manejo de un estilo sencillo pero único. Marcia escribió algo que no se había escrito nunca y que nunca volverá a escribirse; así danzan los personajes en las historias de sus vaivenes poéticos.

La fina relación entre profesión y vida diaria, entre ver y sentir, entre tocar y sospechar, ilumina esta narrativa y añade una dimensión de travesura a sus personajes. En “Invencibles”, su hermana, llamada puta, hace una premonición que es básicamente, la guía narrativa de Marcia.

— … No es que conozca a tantas mujeres, pero yo era el testigo principal de su convencimiento de que la felicidad es hija de la autenticidad y la autenticidad es un terreno fértil para la libertad…
¿Quién puede derrotar a un narrador que se cree libre? “Ni la adversidad más grande apoca su esperanza”, dice Marcia hablando como puta.

Al trazar su opinión, el bien probado doctor José Silié Ruiz, comenta:

— El escribir el prólogo del libro Solo voy por café de alguien con gran talento, que conoce cómo funciona el cerebro, implica una ecuación muy compleja, una tarea honrosa…
Y Rafael J. Rodríguez Pérez, concentra en la contraportada su opinión. Aquí una parte: — En estas páginas rezuma, con toda su carga de simbolismo, crueldad, diversidad, fantasía e impredecibilidad…

En 101 páginas, Marcia Castillo coloca 20 cuentos que contienen entre 10 y 15 párrafos cada uno. Es decir, son cortos; y cada párrafo tiene una extensión de palabras que van desde 54 hasta 126. Es lo que se conoce como el “estilo moderno”. Arranca con una sintaxis impecable: “Ahora yo soy el hombre de la casa. Soy tú, papá. Tengo la cara sucia y espero en la puerta”, dice el personaje de “Pastillas mágicas”. La fonética, resultado de la combinación entre palabras, entre verbos y sustantivos, entre vocales y consonantes, resulta de sutil agrado al paladar de nuestros oídos: “El precipicio abraza la carretera por ambos lados y hace parecer la ruta cual si fuera una garganta…”.

No siempre los autores tienen una idea preconcebida de la historia o de los personajes. Aunque a menudo la realidad hace un guiño terrible a la ficción, pero el autor decide si vale la pena dar vida a ese maridaje o no, el ¿cómo? y ¿el cuándo? ¡Mover los hilos! Por tal razón es posible que uno no atrape el tema, sino que el tema atrape a uno. Ya lo explicó Galeano en una de tantas entrevistas:

Los personajes nos tocan por detrás y nos suplican “cuéntame, cuéntame”. Es elección de quien narra si voltea o sigue de largo.

Antón Chéjov tuvo una vida corta, la peste blanca (tuberculosis) le sorprendió con solo 44 años. Chejov era médico y escritor, había dicho siendo jovencísimo que “La medicina era su esposa y la escritura su amante”. El ruso es uno de los mayores cuentistas del siglo XX y un paradigma para todos los escritores que le sucedieron. Marcia, no obstante y muy humilde, parece disentir de sus palabras.

El escritor puede buscar consuelo y amparo en la escritura, cuenta para contarse a él mismo y curar esa herida fundamental que todos albergamos. Marcia conecta su consciente para desarrollar la responsabilidad implícita con lo que se narra, con los lectores y con la misma lengua castellana.

Marcia Castillo arranca en la literatura quisqueyana con estilo único y voz propia. En Solo voy por café, su primera obra publicada, este poeta interiorista reconoce la modernidad en los siguientes rasgos narrativos:

1- Su mundo imaginativo nunca abandona la conexión emocional con ese universo al cual nos sentimos atados y que aún desconocemos.

2- Empezamos a ver en la ciencia presente lo que podría ser en el futuro el alimento con átomos.
3- Sabe rodar en la vastedad de su instinto.

4- Tiene capacidad para reunir las constantes.

5- Cuando se trata del tema, puede bien amasar distancias.

6- Sus personajes se mueven en un universo subjetivo, como lo habitan en el cerebro y en el mundo cuántico. Viven ese proceso donde las cosas cambian con sus acciones. La superposición, el entrelazamiento, son leyes de la cuántica que hacen posible que la energía de los personajes sea instantánea.

7- La geografía, que Google ha hecho tan difícil de tratar en la narrativa, Marcia la incorpora usando el método interiorista de “colocar los paisajes en la conciencia de los personajes”.