Opinión

Amigo leal

Amigo leal

Al avanzar el tiempo, la vida me ha dado el privilegio de aquilatar y valorar –en su justa dimensión- la amistad de diversos amigos que –de una manera u otra- han incidido en mi proceso de formación política, profesional y privada.

También he tenido amigos muy radicales y que no aceptan la libertad al disenso.

Quienes me conocen –aun sea someramente- saben del fervor con que defiendo mi derecho a emitir mis opiniones en cualesquiera de los escenarios y sin importarme las consecuencias.

Asimismo, me precio de ser sincero y decir lo que pienso sobre un determinado tema, cosa que me han traído inconvenientes transitorios.

Mis amigos conforman una magnífica amalgama social que va, desde estamentos poderosos en las áreas económicas, empresariales, políticas y militares, hasta pasar por grupos contestatarios del sistema capitalista.

Por ejemplo, no podría olvidar la ocasión en, respondiendo a una pregunta que me formulara el entonces presidente de la República, Salvador Jorge Blanco (EPD), sobre la situación en que se encontraba el país.
En ese momento, externé comentarios inesperados para él.

Eso ocurrió en una reunión efectuada en su residencia del ensanche Naco y en la que estaba presente mi querido amigo Leo Corporán, quien también se sorprendió y desvió el tema con habilidad al hacer una broma y distender el ambiente que se presentó.

Podría poner otros ejemplos, pero la prudencia aprendida obliga.

Hago esta reflexión porque –muchas veces- algunas personas no entienden que ser amigo es aceptar la opinión de los demás, aún sin estar de acuerdo.

Y es que, la escogencia de una persona como amiga, no es encadenar irresolublemente su visión en torno a la vida, ideas políticas o cualquier otro aspecto. Es endosar su independencia emocional o ideológica.

El Nacional

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