Humildad, egolatría y política.-
La humildad es una de las más excelsas de las virtudes, aunque alguna gente dada a la egolatría pretenda ignorarla. Los seres humanos que han marcado de forma imperecedera su paso por la vida han ido de la mano con la sencillez, contrastando singularmente con su grandeza ante la historia.
Fidel Castro dijo en una ocasión que sus convicciones martianas fueron reforzadas al meditar lo expresado por el apóstol de Cuba, de que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz. Y con esas ideas vivió.
Ho Chi Minh, genio de la guerra y la paz, dijo: «Créanme cuando digo que sería muy feliz de recibir de manera pacífica al presidente norteamericano en Vietnam. Tendemos la mano de amistad a cualquier nación».
Mahatma Gandhi razonó tranquilo: «Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda… ponerles remedio».
El entorno más peligroso del que detenta el Poder, es el que le adula a cambio de sus favores. Consciente de ese riesgo fue por lo que el despiadado Calígula, reaccionó de mala manera ante uno de sus senadores.
El adulón le confesó al emperador lo siguiente: «Por ti daría mi vida en el circo», a lo que éste le contestó con sorna: «¡Hazlo!». Lo mandó a vestir de gladiador y le entregó la espada para que luchara en el anfiteatro.
Los que susurran al presidente Danilo Medina que sólo él puede gobernar, que está predestinado a mantenerse en el poder, merecen ser vestidos de gladiadores y mandados a luchar en el anfiteatro.
El susurro de los lambiscones y chismosos, lo recibió Julio César y Marco Junio Bruto, Trujillo y Balaguer, que luego de leerle su panegírico, lograba al fin aparar el mango que tanto tiempo esperó que goteara.

