Opinión

Debajo del colchón

Debajo del colchón

El dinero posee un imprescindible valor de uso y cambio, pero su verdadera dimensión está relacionada con su capacidad para financiar emprendimientos humanos que a su vez generan riquezas y bienestar y gobernanza, por lo cual puede decirse que su auténtica vocación es la de convertirse en capital.

Un estadista dominicano llegó a decir que quien tiene mucho dinero guardado debajo de su colchón tendría la condición de rico, pero no de capitalista, porque este último se caracteriza por vincular sus activos en la cadena de producción de bienes o servicios.

Los excedentes económicos que acumula una familia durante un periodo determinado forman parte del ahorro nacional que debe ingresar al sistema financiero nacional para servir como combustible que mantenga encendida a la maquinaria de la economía.

El dinero debajo del colchón no vale nada, al menos para los afanes colectivos de crecimiento económico y desarrollo social, que se financian con ingresos fiscales y con los créditos que promueven la banca múltiple que a su vez tutela los activos de ahorrantes y depositantes.

Cerca del 10% del PIB del Japón representan ahorros que la población envejeciente guarda debajo del colchón para solventar las urgencias que causan terremotos, tifones y tsunamis, una cultura ancestral que el Gobierno nipón procura ahora que se convierta en puntal de su desarrollo, a través de la inversión de capital.

Para poder promover mayor flujo de inversión extranjera o doméstica, se requiere que el Gobierno asuma y promueva una cultura ética y jurídica relacionada con la seguridad en los emprendimientos de negocios, erradicación de prácticas desleales empresariales y combate frontal a la corrupción pública o privada.

El decreto presidencial que ordena al Consejo Nacional de Competitividad realizar un inventario sobre los costos e impactos que tienen en los negocios las regulaciones vigentes, se enmarca en la dirección correcta, como también la creación de ventanilla única para la industria de la construcción, aunque, obviamente, falta mucho camino por recorrer.

Se requiere voluntad y unidad de propósito para que Estado y Gobierno, con el concurso del empresariado y clase política desparasiten al país de corrupción, garanticen seguridad jurídica, erradiquen trabas y privilegios, permitan libre flujo de la inversión. Solo así el dinero saldrá de los colchones para convertirse en capital que genere riqueza.

El Nacional

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